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Los rivales de Kurz, a los que se enfrenta este viernes en un debate televisado, envidian el fervor que suscita en sus desplazamientos sin tener que levantar la voz

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Lleva seis años como ministro y ahora, con solo 31 años, Sebastian Kurz, el "niño prodigio" de la política, podría convertirse en las elecciones legislativas austríacas del 15 de octubre en el dirigente europeo más joven.

Desde que en mayo se puso a la cabeza de un alicaído partido conservador (ÖVP) y acabó con diez años de gran coalición con la izquierda, Kurz parece andar sobre las aguas.

Le bastó con presentar su candidatura para que la intención de voto al ÖVP se disparara y, a un mes de los comicios, sigue sostenida. Kurz supera por ocho puntos a sus principales rivales: el canciller socialdemócrata, Christian Kern, y el líder de la extrema derecha, Heinz-Christian Strache (FPÖ), casi igualados.

Alto y con el cabello rubio peinado siempre hacia atrás, este antiguo líder de las juventudes del partido ha sabido reanimar a los conservadores combinando una imagen de modernidad y un discurso de firmeza respecto a la inmigración.

Sus rivales, a los que se enfrenta este viernes en un debate televisado, envidian el fervor que suscita en sus desplazamientos sin tener que levantar la voz.

"Ya es hora de que esto cambie" y "el 15 de octubre representa nuestra oportunidad de cambio en este país", ha afirmado recientemente a sus seguidores en Graz (sur) con la calma que le caracteriza.

- Color turquesa -

En una Austria próspera pero sumida en una crisis migratoria, Kurz, ministro de Exteriores desde 2013, presume de ser uno de los principales defensores del cierre de la ruta de los Balcanes al comienzo de 2016.

"Estábamos en lo cierto en cerrar la ruta de los Balcanes y lucharé para que también se cierre el eje mediterráneo", promete en sus mítines.

A diferencia de Emmanuel Macron, quien le lleva nueve años y llegó a la presidencia gracias a un movimiento creado desde cero, Sebastian Kurz se puso al frente de un partido existente que remodeló a su gusto.

Sustituyó el color negro, símbolo de la formación, por un turquesa claro. También desapareció la mención ÖVP, remplazada por "Lista Kurz". Y ya no se llama partido, sino "movimiento". Todo ello con la bendición de los caciques.

"Es alguien muy joven y muy dinámico que trae un nuevo estilo a la política", afirma, embelesado, Michael Schellnegger, un activista de 22 años, en Graz, la segunda ciudad del país. Sebastian Kurz sólo tenía dos años más que él (24) cuando en 2011 entró en el Gobierno, sin terminar la carrera de Derecho.

- El precedente de Haider -

Aunque sus adversarios denuncian un programa "vago", a día de hoy "a menos que dé un paso en falso enorme, Kurz no perderá las elecciones", estima el politólogo Thomas Hofer, comparándolo con el ascenso político del ultraderechista Jörg Haider hace 20 años.

El líder de extrema derecha encabezó un FPÖ moribundo y lo convirtió en el segundo partido del país, permitiéndole entrar en el gobierno del canciller conservador Wolfgang Schlüssel en 2000.

Ahora se considera viable una coalición de Kurz (33% de intención de voto) con el FPÖ tras las elecciones debido a una coincidencia en las posiciones políticas que ha llevado a la extrema derecha a acusar al candidato conservador de "plagiar" su programa.

"En la época el FPÖ no fue un mal socio y puede volver a serlo en el futuro", estima Andreas Kinsky, un directivo del ÖVP en la región de Graz.

Esta perspectiva ha conducido el martes al presidente austríaco, Alexander Van der Bellen, elegido en diciembre frente a un candidato de FPÖ, a pronunciarse para recordar que los "principales problemas" deben resolverse "a nivel europeo".

Sin embargo no se prevé un revuelo como el de hace 17 años con la entrada del FPÖ en el gobierno porque con el tiempo los partidos de extrema derecha se han ido labrando un camino en Europa.

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AFP