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Nectarinas de cultivo orgánico en Saint-Genis des Fontaines, Francia, el 21 de julio de 2017

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Los productores de melocotones y de albaricoques del sur de Francia están viviendo una temporada difícil, con precios a la baja, una situación que atribuyen a los grandes grupos de distribución y sobre todo a la competencia española, que consideran desleal.

En el departamento de Pyrénées-Orientales, fronterizo con España, una zona donde históricamente se han cultivado frutas con hueso, la cosecha de los arboricultores llegó un poco antes este año, lo que ha provocado una competencia directa con la producción de los países del sur de Europa, y en particular España.

"Llegamos 10 o 15 días antes y en España ya estaban en plena cosecha, al mismo tiempo. El resultado son precios catastróficos", lamenta el productor Fabien Jacquet mientras camina entre sus huertos, donde trabajan 30 temporeros franceses y españoles recogiendo fruta bajo un intenso sol.

Por su parte, Laurent De Battisti, un productor de albaricoques de Salses-le-Château, asegura que los grandes supermercados están comprando mucho en España "y siguen aplicando precios españoles", incluso cuando compran productos franceses, donde los costes de producción son mayores.

Según sus cálculos, esta temporada venderán sus albaricoques a una media de 58 céntimos el kilo, mucho menos que los 90 céntimos el kilo que necesita para poder sobrevivir.

"Con lo que pagan por un kilo de albaricoques ¡no te puedes ni comprar una baguete! ¡Y se necesitan dos kilos para tomarte un café, es espantoso!", lamenta.

En este departamento francés, donde se producen un tercio de los melocotones y las nectarinas del país, los agricultores decidieron pasar a la acción y el pasado 11 de julio descargaron dos toneladas de fruta frente al consulado de España en la ciudad de Perpiñán, a modo de protesta.

El Gobierno español condenó la acción, que considera una "acto inaceptable de presión". El Ministerio de Agricultura francés prometió una reunión con los agricultores pero de momento no se ha celebrado.

Entre el tráfico incesante de camiones y cajas, 110 temporeros trabajan en la cooperativa Teraneo, en la localidad de Ille-sur-Têt, calibrando y escogiendo melocotones. Todos cobran el salario mínimo francés, de unos 1.150 euros netos.

Según Yves Aris, el responsable de la sección de melocotones y nectarinas de la cooperativa, en Francia el coste de la mano de obra representa el 60% del precio de producción. "Pagamos unos 14 euros la hora y los vecinos [españoles], cuando pagan bien, pagan entre 7 y 8 euros", asegura.

Por su parte Cédric Sabaté, que gestiona 60 hectáreas de melocotoneros cerca de Thuir, acusa a los españoles de vender por debajo del precio de coste.

"Esta bien tener un moneda única pero habría que armonizar las cargas para competir con las mismas armas", dice, explicando que "los productos franceses tienen un coste [de producción] que no se puede reducir".

En 2014 y en 2009 los productores de la zona ya protestaron por razones similares. Uno de ellos, Hervé Cribeillet, cansado del problema, decidió hace siete años pasarse a la producción ecológica.

Los primeros tres años fueron "difíciles" pero ahora ve futuro en su producción, con un mercado prometedor este año y con precios de venta cercanos a los 2,50 euros el kilo.

"Para los que compran bío lo importante es la proximidad, no tiene que ser algo que venga de la otra punta del planeta. Habría que conseguir implantar esta idea en la producción convencional, para que los productores tengan su lugar", asegura.

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AFP