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Primer ministro y líder del Partido Social Demócrata, Pedro Passos Coelho, y líder de la coalición del Partido Popular, Paulo Portas, se felicitan al final de su conferencia de prensa conjunta el 4 de octubre de 2015, Lisboa.

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Los portugueses reeligieron el domingo en las elecciones legislativas a la coalición de derecha, pero el primer ministro, Pedro Passos Coelho, se halla en la cuerda floja al tener que negociar con una oposición hostil a su política de austeridad.

Los electores "han apostado por la seguridad, pero corren el riesgo de encontrarse con un gobierno de duración limitada", resume este lunes el Díario Económico.

La alianza gubernamental logró la proeza de ganar las elecciones tras pasar cuatro años bajo el signo del rigor presupuestario, con 38,6% de votos, contra 32,4% para el Parido Socialista (PS), que sigue siendo la principal formación de oposición.

Este resultado se sitúa sin embargo muy por debajo de los 50,4% obtenidos por la derecha en 2011, y le hace perder la mayoría absoluta en un parlamento que gira hacia la izquierda.

El domingo por la noche Passos Coelho se declaró dispuesto a formar nuevo gobierno, aunque reconoció que la nueva constitución del parlamento exigiría "más esfuerzos a todos".

Tendió la mano al PS y se dijo dispuesto a negociar "los acuerdos indispensables para aplicar reformas importantes".

El jefe de gobierno saliente destacó asimismo que el PS ha compartido hasta ahora su "apego a la Unión Europea y a la moneda única" y que su "tarea más urgente" es adoptar un presupuesto para 2015 "que garantice el control de las cuentas públicas y la reducción de la deuda".

- 'Sin mayoría de bloqueo' -

El Bloque de Izquierda, formación similar a la griega Syriza y tercera en los comicios legislativos, se declaró el lunes "disponible" para discutir de un eventual gobierno con el Partido Socialista, si este "acepta abandonar" algunos puntos de su programa.

En concreto, la portavoz de la formación, Catarina Martins, explicó que los socialistas debían abandonar tres puntos de su programa: recortes en las jubilaciones, reducción de las cotizaciones sociales en los salarios y una medida que facilita los despidos.

El líder del PS, António Costa, de 54 años, prometió durante la campaña "pasar la página de la austeridad", pero respetando las reglas europeas y sin cuestionar los compromisos de Portugal con sus acreedores.

Además, tras haber amenazado con no votar la investidura de un eventual gobierno de derecha, se mostró más conciliador después de las elecciones.

"El PS no contribuirá a una mayoría de bloqueo, si no está en condiciones de proponer una alternativa creíble de gobierno", indicó Costa la noche del domingo.

El Partido Socialista y el Bloque de Izquierda, que obtuvo un 10,2% de sufragios, disponen respectivamente de 85 y 19 diputados, los mismos que la coalición de derecha (104). El parlamento cuenta con 230 escaños.

El Partido Comunista, en coalición con los Verdes, obtuvo por su parte un 8,3% de votos, lo que constituye no obstante su mejor resultado en 15 años.

- Victoria amarga -

Elegido en junio de 2011, Pedro Passos Coelho, de 51 años, centrista liberal, tomó las riendas de un país al borde del default.

Su predecesor, el socialista José Sócrates, acababa de pedir una ayuda de 78.000 millones de euros a la Unión Europea (UE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI). Portugal salió de este programa en mayo de 2014 y ha vuelto a los mercados internacionales.

"Los próximos meses se anuncian particularmente complicados para el gobierno, que tendrá más dificultades en mantener el ritmo de las reformas", advierte Jésus Castillo, economista del banco Natixis.

El Diário de Notícias habla por su lado de "una victoria con gusto amargo" para la derecha, que se verá sin duda obligado a formar una gobierno minoritario, por encargo del presidente de la República, el conservador Aníbal Cavaco Silva.

"La probabilidad de que este nuevo gobierno llegue al término de su mandato es muy escasa, incluso nula", considera la directora del Jornal de Negócios, Helena Garrido.

Unas nuevas elecciones no podrían celebrarse antes de junio de 2016, ya que la Constitución portuguesa impide durante seis meses la disolución de una asamblea recién elegida.

AFP