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El logotipo de agencia de calificación financiera Fitch Ratings en el frente de su filial francesa de París en una imagen tomada el 8 de agosto de 2011.

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Brasil perdió este miércoles el grado de inversión a manos de una segunda agencia de calificación internacional, Fitch, un nuevo golpe para la presidenta Dilma Rousseff, amenazada de destitución.

La decisión puede costar caro a la séptima economía del mundo, ya que muchos grandes fondos de capital no pueden invertir en países cuya deuda soberana es considerada especulativa por dos o más agencias calificadoras.

Siguiendo los pasos de Standard and Poor's, que a inicios de septiembre despojó a Brasil del título de buen pagador, Fitch argumentó que la decisión refleja "una recesión más profunda a la anticipada, continuos desarrollos fiscales adversos y una creciente incertidumbre política que puede socavar aún más la capacidad del gobierno de aplicar medidas fiscales para estabilizar la creciente carga de la deuda".

La nota de la deuda soberana de Brasil fue rebajada de BBB- a BB+ y colocada en perspectiva negativa, indicando la posibilidad de un nuevo corte en el horizonte.

"Brasil tiene un problema serio. Todos los días tenemos una mala noticia, y todo esto es causado por el actual gobierno, que perdió completamente la credibilidad", estimó Paulo Skaf, presidente de la poderosa Federación de Industriales de Sao Paulo (Fiesp) y favorable al impeachment.

"El escenario podría ser otro si el gobierno hubiese eliminado desperdicios, reducido sus gastos y hecho el ajuste de sus cuentas", agregó.

- Mal humor para rato -

Buena parte de los fondos de inversión extranjeros ya salieron de Brasil porque anticipaban esta decisión, dijo a la AFP André Perfeito, economista jefe de la consultora Gradual Investimentos en Sao Paulo. De hecho, la bolsa subió un leve 0,32% al cierre de una jornada marcada también por el alza de las tasas de la Fed por primera vez desde 2008.

El real por su parte perdió 1,17% y se cotizó al cierre a 3,921 unidades por dólar.

Para Perfeito, el mayor impacto de la decisión de Fitch será "la continuidad del mal humor y del pesimismo en Brasil, lo que suma un ingrediente más a la tensa situación política".

Rousseff enfrenta un complejo cóctel que mezcla una contracción de la actividad, déficit fiscal, una inflación superior a dos dígitos y desempleo creciente.

La popularidad de su gobierno está en apenas 9%, y el Congreso estudia un pedido de impeachment -juicio político- en su contra por maquillar las cuentas públicas y demora en aprobar completamente su crucial plan de austeridad.

Tras cuatro años de magro crecimiento, el mercado proyecta un retroceso del PIB de 3,62% este año y de 2,67% en 2016. Si se confirman los dos años consecutivos de recesión, sería la primera vez que esto ocurre en 85 años, desde 1930-31.

La decisión de Fitch fue anunciada horas después de que el gobierno enviara al Congreso un presupuesto para 2016 que revisa la meta de superávit fiscal primario de 0,7% del PIB a 0,5% del PIB, y que abre la posibilidad de un ahorro cero para el pago de intereses de la deuda, ignorando advertencias del ministro de Hacienda Joaquim Levy contra una reducción de la meta fiscal.

"Tener un superávit mínimo el año que viene es esencial. Si no, quedaremos como Grecia, un país con problemas estructurales, que no consigue ahorrar nada para pagar la deuda", había advertido Levy a inicios de mes.

La meta fiscal para 2016 ha sido objeto de innumerables idas y venidas por parte del gobierno.

Ante la reticencia del Congreso de aprobar su plan de austeridad, el gobierno dio marcha atrás en su idea inicial de un superávit fiscal primario de 0,7% del PIB el año que viene y presentó un presupuesto en rojo a los legisladores, algo inédito en la historia del país. Ese anuncio desencadenó la decisión de S&P de arrebatar a Brasil el preciado grado de inversión. Días después, la presidenta prometió que eliminaría el déficit.

- "Confianza" -

En respuesta a Fitch, el ministerio de Hacienda publicó el miércoles un largo comunicado en el cual "reitera la confianza en la capacidad de la economía brasileña de retomar un ciclo de crecimiento".

"El gobierno brasileño y el ministerio de Hacienda están comprometidos a atacar los desequilibrios fiscales existentes, buscando un presupuesto 2016 robusto que proporcione sostenibilidad a la deuda pública, confianza al mercado y tranquilidad a las familias" brasileñas, añadió.

La prensa brasileña especula con una partida de Levy, que habría amenazado con abandonar el gobierno si la meta fiscal de +0,7% no es integrada al presupuesto de 2016.

"No sé si dimitirá finalmente, aunque tendría sentido porque su política económica le está granjeando enemigos tanto en la izquierda como en la derecha y el momento de descontrol político dificulta el ajuste fiscal", dijo Perfeito.

"El mercado reaccionaría mal porque los inversores ven una situación de deterioro continuo de las cuentas fiscales. Y si con él ha sido difícil, sin él puede ser imposible", sentenció.

AFP