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Ernestine Simelane, madre de la desaparecida militante antiapartheid Nokuthula Simelane, muestra una fotografía de su hija el 24 de febrero de 2016 en su casa en Bethal, en Sudáfrica

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El diploma universitario de la militante antiapartheid Nokuthula Simelane cuelga del salón de su madre, pero ella desapareció en 1983, antes de recibirlo. Treinta y tres años después, Sudáfrica juzga el viernes a sus presuntos asesinos.

El cuerpo de Nokuthula, una bella sudafricana de 23 años, no se ha encontrado nunca. Durante mucho tiempo su madre creyó que vivía en la clandestinidad. En 1995, después de la caída del régimen racista del apartheid, se enteró de que había sido secuestrada y asesinada por unos policías.

Desde entonces, su familia lucha para que se haga justicia. "Nos hemos enterado, con la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC), de dónde fue secuestrada y las torturas a las que la sometieron (...), pero queremos saber qué ocurrió al final", explica su hermana, Thembi Nkadimeng.

La TRC investigó los crímenes políticos cometidos en Sudáfrica por el régimen segregacionista del apartheid, que terminó oficialmente con la llegada al poder de Nelson Mandela, en 1994.

El principio de la TRC era que los verdugos y quienes ordenaron las torturas obtenían una amnistía a cambio de una confesión y una descripción detallada de los hechos. Tres de los presuntos asesinos de Nokuthula, todos policías, comparecieron ante la comisión, pero se les negó la amnistía por estimar que no habían revelado toda la verdad.

En total, la TRC recomendó el procesamiento de 300 casos de personas excluidas de la amnistía. A día de hoy, sólo se ha tratado "un puñado", constata Desmond Tutu, exarzobispo y presidente emblemático de la TRC. Por lo tanto, el juicio de cuatro expolicías del apartheid por el secuestro y el asesinato de Nokuthula es "extremadamente significativo e histórico", comenta el premio Nobel de la Paz.

"Esperamos que los asesinos nos ayuden a localizar los restos de Nokuthula", confiesa Thembi Nkadimeng, alcaldesa de Polokwane (norte), involucrada en cuerpo y alma en esta larga batalla jurídica.

"Si me entregan los restos de mi niña, si me dicen por fin la verdad, podré pasar página", asegura su madre, Ernestina Simelane, de 75 años, en su casa de Bethal (noreste).

- Complicidad -

Sobre la cómoda del salón hay una fotografía de Nokuthula. En una alforja y en una bolsa de plástico, Ernestina conserva los amarillentos recortes de periódico sobre su calvario. El 6 de febrero de 1995, descubrió la verdad leyendo el periódico sudafricano Sowetan. En la portada salía la fotografía de su hija y un artículo titulado "Policías capturaron y mataron a una directiva del MK", el brazo armado del Congreso Nacional Africano (ANC), punta de lanza contra el apartheid.

Un expolicía revelaba, bajo anonimato, la suerte reservada a Nokuthula, que transportaba mensajes al MK. "Pensé que me desmayaba", recuerda Ernestina, con voz trémula.

Todos estos años Ernestina buscó a su hija. "Fui a Botsuana, porque el ANC me dijo que Nokuthula estaba en el extranjero, que era difícil localizarla. Pensé que estaba viva", declara.

El camino hasta la apertura el viernes del juicio en Pretoria fue "doloroso y lleno de obstáculos", resume el abogado de la familia Simelane, Muzi Sikhakhane. "Nos parece escandaloso -dice- que la familia haya tenido que convencer a la máquina postapartheid de juzgar un crimen cometido contra una de las suyas".

Un excomisario de la TRC, Dumisa Ntsebeza, va más allá. "Es preocupante constatar que 22 años después del advenimiento de la democracia, concluimos que hubo apaños entre el antiguo régimen y las nuevas autoridades para mantener casos en suspense", reflexiona.

"En nuestra sociedad insistimos mucho en la reconciliación y demasiado poco en la verdad", estima Janet Love, de la Comisión Sudafricana de Derechos Humanos.

La hermana de Nokuthula asiente. Espera que el juicio "permita reabrir todos los expedientes metidos en una caja del fiscal".

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AFP