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Una persona corre por delante de la Casa Blanca, en Washington DC, el 22 de enero de 2016

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La carrera hacia las presidenciales de Estados Unidos de noviembre toma forma. Abundan ataques personales, discusiones sobre inmigración e inquietud por la seguridad. Pero algo brilla por su ausencia: discutir sobre economía.

Tanto en el campo republicano como en el demócrata, la situación de la mayor economía mundial es, naturalmente, mencionada. Pero las referencias a ella en los debates han sido apenas frases para los medios y las redes sociales y no generaron discusiones serias.

¿Por qué esa reticencia a abordar una cuestión que fue crucial en las dos elecciones presidenciales previas? Más allá de la aridez del tema, la respuesta está en la relativamente buena salud económica de Estados Unidos.

"La economía está razonablemente bien, aunque no espectacularmente bien", dijo Joseph Gagnon, del Peterson Institute for International Economics.

Estados Unidos "marcha bastante bien como para que los republicanos no encuentren un flanco para atacar pero tampoco está tan bien como para que los demócratas puedan ufanarse", explicó.

El desempleo cayó a la mitad desde su pico en 2009 y se sitúa en el 5%, un nivel cercano al pleno empleo. La economía crece a un ritmo modesto y el déficit del gobierno se ha achicado.

Por eso, dice el presidente Barack Obama, los votantes deberían favorecer al candidato de su Partido Demócrata.

- Salarios aún débiles -

Sin duda, ha desaparecido la crisis económica que dominó las dos últimas presidenciales y, especialmente, la que le dio en 2008 a Obama su primer mandato. Y eso complica a los republicanos atraer votos criticando la gestión económica de Obama.

Los republicanos buscan explotar la debilidad de la recuperación económica y, especialmente, el hecho de que no ha beneficiado a todos.

Para los republicanos, dijo Lawrence Mishel, del Economic Policy Institute, "no hay un blanco fácil, aún cuando hay un sentimiento generalizado de que la gente (...) realmente no se ha beneficiado con la recuperación" de la economía.

Lo que molesta a los votantes de ambos partidos es el débil crecimiento de los salarios y su menguado poder de compra.

El candidato republicano Ted Cruz está buscando sacar partido con ese tema.

"Si uno gana su dinero en Washington o alrededor de Washington, las cosas están bien. A los millonarios y los multimillonarios les está yendo muy bien con Obama", dijo.

En la carrera hacia la nominación republicana, Cruz está segundo detrás del magnate Donald Trump, según las encuestas.

Otro aspirante republicano, Marco Rubio, sentenció: "la economía no está generando empleos que paguen lo suficiente"

Aun así, los republicanos, eternos defensores de la libertad económica y de menores impuestos, no están muy cómodos como para convertir los salarios en un asunto político. La mayoría de ellos se opone, por ejemplo, a aumentar el salario mínimo, una de las causas preferidas de los demócratas.

También los republicanos tratan de mitigar la victoria de Obama en la reducción del desempleo. Señalan el aún elevado número de estadounidenses que dejaron el mercado laboral; lo cual en términos de porcentaje de la población se mantiene en los niveles más altos en cuatro décadas.

Este tema, incluso, ha sido tomado por el aspirante demócrata Bernie Sanders, quien sostiene que el desempleo real es del 10% si se incluye la cantidad de personas forzadas a trabajar a tiempo parcial.

Otros asuntos son preocupaciones en común para aspirantes de los dos partidos y eso les complica tomar posición.

Hillary Clinton, favorita para la nominación demócrata, y Trump se oponen al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) alcanzado el año pasado por Obama y que creará la mayor zona mundial de libre comercio, integrada por 12 países.

También Clinton y Trump se oponen a que las compañías estadounidenses trasladen sus domicilios fiscales a otros países, para pagar menos impuestos.

Los candidatos se limitan a criticar y quejarse pero no ofrecen alternativas concretas.

"Los impuestos son demasiado altos, los salarios son demasiado altos. No vamos a poder competir con el resto del mundo", ha dicho Trump, por ejemplo.

Barry Bosworth, del centro de estudios Brookings Institution, cree que las propuestas específicas demorarán varias semanas o meses en emerger.

"Ninguno de los partidos tiene grandes ideas sobre cómo afrontar la cuestión del empleo y el crecimiento de los ingresos; algo que parece ser la preocupación dominante de los votantes" dijo Bosworth.

A su juicio, esos temas saldrán al debate una vez que los partidos hayan elegido sus candidatos para noviembre y los votantes empiecen entonces a prestarles mayor atención.

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AFP