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Planta de regasificación inaugurada en Uyuni, Bolivia, el 9 de noviembre de 2016

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la economía de Bolivia, tan estable durante el boom de precios del gas natural y minerales, comienza a sufrir turbulencias por un contexto externo adverso y críticas por políticas oficiales que pueden complicar los planes de reelección del presidente izquierdista Evo Morales.

Tras haber crecido un 5,46% en 2014, 4,8% en 2015 y 4,2% en 2016, mejor que sus vecinos en la región, "la economía boliviana claramente está con síntomas de una desaceleración importante, síntomas que podrían avizorar una crisis en los próximos años", explica a la AFP el economista y profesor en la Universidad Católica de Bolivia (UCB), Gonzalo Chávez.

Si bien el gobierno aún estima que en 2017 la expansión económica será de 4,8%, Chávez recuerda el déficit fiscal que Bolivia arrastra hace cuatro años. En 2017 estará entre 7% y 8% del PIB dice, y atribuye la situación a la caída de precios de las materias primas, como gas y minerales, luego de un espectacular repunte en años pasados.

En coincidencia con ese boom, Bolivia nacionalizó sus recursos naturales en 2006, apenas llegado Evo Morales al poder, disparando los ingresos nacionales, según el discurso oficialista.

Así mientras las exportaciones de gas en 2005 fueron de 674 millones de dólares anuales, en 2014 treparon a 5.489 millones de dólares, aunque el año pasado cayeron a 3.746 millones. Los minerales corrieron a igual ritmo: de 1.062 millones en 2006 a 3.933 millones en 2014, para luego descender en 2016 a 1.892 millones de dólares.

Las exportaciones de ambos recursos representan casi un 54% del total de las ventas bolivianas, mientras el resto lo hacen varios rubros, como industria manufacturera y agricultura.

Con todo el viento a su favor, Morales se benefició políticamente e impulsó grandes inversiones económicas, bonos sociales y apuntaló en persona infinidad de obras, construyendo escuelas, oficinas sindicales y canchas de fútbol a lo largo y ancho del país.

- Rezar o tomar medidas -

Chávez calcula que esos ingresos extraordinarios en esta década "representan casi 60.000 millones de dólares, casi la mitad de lo que costó el 'Plan Marshall' (de reconstrucción europea en la posguerra) a precios actuales", pero que en el caso boliviano "no ha desarrollado un aparato productivo y seguimos con un modelo primario exportador".

"Lo único que queda es rezar para que puedan subir los precios de las materias primas; no tenemos otra cosa que hacer", apunta.

Igual de pesimista, el analista político Carlos Cordero señala que el contexto económico pasará factura al gobierno de Morales, quien impulsa ajustes a la Constitución para habilitarse a un cuarto mandato al hilo por cinco años, cuando concluya su gestión en 2020. El año pasado, un referéndum ya le dijo que no, pero el oficialismo insistirá.

"Para las próximas elecciones (en 2019) cualquier candidato del oficialismo va a tener que enfrentar los costos de la crisis económica, no va a poder superar el temporal", gráfica Cordero para la AFP.

Cree que un futuro gobierno deberá tomar medidas en un campo sensible para el pueblo: modificar la política cambiaria respecto al dólar, inamovible desde diciembre en 2011, en 6,96 bolivianos.

Cordero menciona también denuncias de ineficiencia gubernamental que están teniendo un costo para Morales. Por ejemplo, la incapacidad actual para vender más gas natural a Argentina, importante comprador que optó por aprovisionarse de Chile, pese a las grandes anuncios de inversiones en el campo petrolero local.

La voz del embajador argentino en La Paz, Normando Álvarez, pidiendo más gas, también causó un enorme dolor de cabeza a la administración de Morales.

El gobierno también fue criticado por echar mano a sus reservas internacionales para comprar a fines de 2016 letras del tesoro de El Salvador, un país en aprietos económicos pero ideológicamente afín a Morales.

- Aún primeros en la región -

El ministro de Economía, Luis Arce, ha salido varias veces a responder a las críticas de quienes él llama el círculo de los "opinólogos".

"No hay ninguna crisis, no hay por qué preocuparse, (la economía) está bien pese a la crisis", afirmó.

Según sus previsiones, este año el país no sufrirá los efectos climatológicos como en el pasado y sectores claves "se están reactivando como la minería y la manufactura".

Además, el mismo gobierno señaló que este año el país crecerá en 4,8% y será uno de los mayores de la región, según datos -insiste- avalados por el mismo Banco Mundial y Cepal, que difieren mínimamente con las estimaciones oficiales.

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AFP