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Un campo de maíz en Godewaersvelde en el norte de Francia el 13 de agosto de 2013

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La compra de tierras agrícolas en África o Asia resultó un negocio decepcionante y los inversores miran ahora hacia países ricos como Australia, Francia o Estados Unidos, con mejores infraestructuras y menor potencial de litigios.

La mayor hacienda de Australia, de más de 100.000 hectáreas y 185.000 cabezas de ganado, pasó a manos de un fondo chino el mes pasado. El terreno representa un 2,5% de las tierras agrícolas del país.

En Francia, las autoridades se enteraron tardíamente de la adquisición de 1.700 hectáreas para cultivar trigo en Berry, en el centro del país, por un fondo de inversiones chino.

En América del Norte se da el mismo fenómeno. Capitales sauditas han invertido en California y Arizona para producir alfalfa para la empresa lechera Almarai.

Pese a que tienen un precio relativamente elevado, esas parcelas se benefician de legislaciones que cuidan el acceso al agua para terrenos agrícolas, indicó la organización France Export Céréales en un estudio.

La crisis de los precios de los alimentos en 2008 y el cierre de algunos mercados a la exportación creó un sentimiento de emergencia y, para asegurar el aprovisionamiento del Golfo y de China, hubo movimientos especulativos que propulsaron la disoparada de los precios, explicó el periodista Fred Pearce, autor de "The Land Grabbers", una obra de referencia sobre el acaparamiento de la tierra.

Según Land Matrix (www.thelandmatrix.org), un observatorio independiente sobre la compra de tierras, más de 42,4 millones de hectáreas en todo el mundo pasaron a manos de inversores extranjeros. "La mitad de ellas en África", destacó el economista Ward Anseeuw.

Anseeuw, investigador en Pretoria del Centro de Cooperación Internacional en Investigaciones Agronómicas para el Desarrollo (Cirad), estudia desde hace más de diez años estas inversiones.

"En conjunto, sólo un 6% de esas tierras realmente son valorizadas y solo un 4% en África", explicó a la AFP. "La gran mayoría quebró, los inversores perdieron muchísimo dinero y la producción en realidad apenas despegó", agregó.

- Misiones diplomáticas -

"Habitualmente, las tierras recién deforestadas no están adaptadas a la agricultura intensiva para producir cereales, como en Europa o en Estados Unidos", explicó Anseeuw.

Entonces "se hace más rentable comprar tierras en Europa o en Estados Unidos, que son más caras pero tienen infraestructuras y acceso garantizado al agua".

Para el investigador, "la fiebre por las tierras agrícolas se ha atenuado de manera importante en los últimos años y estas quiebras tienen mucho que ver" con ese desinterés.

También influyó el desplome de los precios agrícolas y de los biocarburantes.

"Después de 2008, países como Catar o Corea del Sur enviaban abiertamente misiones diplomáticas a Laos o Madagascar para negociar [la compra de] inmensas parcelas", confirmó Devlin Kuyek de Grain, una ONG con sede en Montreal, que se especializa en la cuestión del acaparamiento de tierras.

- Vacíos legales en Brasil y Argentina -

Kuyek explicó que pese a legislaciones para proteger terrenos agrícolas en Brasil y Argentina y dificultar las compras de grandes extensiones, los inversores siguen utilizando vacíos en la reglamentación.

"En Brasil por ejemplo, los fondos de pensión utilizan sistemas de registro especialmente complejos", dijo.

Pero ahora, los inversores buscan lugares menos riesgosos, donde los derechos de propiedad estén establecidos, indicó.

Varios incidentes, algunos de ellos violentos, se produjeron en África y en el sudeste asiático, en tierras atribuidas a expensas de comunidades locales, desplazadas de un día para el otro.

Ahora, los capitales se orientan hacia Australia, América o Europa.

"Pero ahí el tema también es sensible", explicó Kuyek.

En Canadá, "la provincia de Saskatchewan tuvo que organizar una consulta y modificar su legislación tras la presión popular para impedir que fondos de pensiones compraran fincas".

"Sin embargo, los inversores siguen buscando lugares donde las tierras estén subevaluadas, esperando que un día la situación se estabilice", dijo.

Al fin y al cabo, se trata de una inversión, explicó en referencia a la estrategia de los fondos de pensión chinos.

"Antes hubieran comprado castillos en Francia, ahora son tierras agrícolas", concluyó Kuyek.

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AFP