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Una madre con una pulsera con el nombre de Duterte, el nuevo presidente filipino, acompaña a su hijo menor de edad en una comisaría de policía tras la detención de éste, el 8 de junio de 2016 en Manila

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El nuevo presidente filipino, Rodrigo Duterte, aún no ha asumido el cargo pero con la detención de niños pequeños y de borrachos en las calles de Manila sus conciudadanos empiezan a hacerse una idea de lo que va a ser su lucha contra el crimen.

Duterte se impuso ampliamente en las presidenciales de mayo después de una campaña centrada en la seguridad. Afirmando que el archipiélago se está convirtiendo en un narcoestado, el presidente electo prometió que miles de delincuentes serían abatidos para acabar de forma drástica con el crimen.

La policía, alentada por el nuevo mandatario, que asumirá el cargo el 30 de junio, anunció en las últimas dos semanas haber matado a más de 20 traficantes de droga en todo el país.

En Manila, una destartalada ciudad de 12 millones de habitantes, se están viendo ya los aspectos extremos de esta campaña para "limpiar" las calles.

En un empobrecido barrio del sur de la capital conocido como CAA, periodistas de AFP vieron a agentes llevándose en sus coches a niños de menos de diez años. Dos niñas pequeñas estaban llorando cuando los policías se las llevaron pese a que estaban en compañía de familiares adultos.

Los niños fueron conducidos a comisaría, donde los policías los sermonearon para luego devolverlos a sus padres. En otros barrios ha habido casos de menores encarcelados.

Tras su victoria, Duterte anunció un toque de queda nocturno para los niños así como prohibición durante la noche de la venta de alcohol y del karaoke, muy apreciado en el archipiélago.

Por el momento, los agentes de Manila han aplicado estrictamente las medidas y han detenido a cientos de personas. Los policías hablan incluso de 'operaciones RODY', un acrónimo que viene del eslógan 'Rid the Streets of Drinkers and Youths' ('Limpien las calles de borrachos y jóvenes') y que es también el sobrenombre de Duterte.

- Gimnasia o cárcel -

"Todos sabemos que el hecho de beber fuera y de que los jóvenes anden errando por la calle es una receta para el delito", cuenta a AFP Jemar Modequillo, un alto mando de la policía del barrio CAA.

Durante una 'operación RODY' dirigida por el comisario Modequillo, un centenar de adultos considerados borrachos o alborotadores fueron detenidos. Los agentes les dieron la opción de hacer 40 flexiones en la comisaría o pagar una multa y pasar un tiempo limitado entre rejas. Todos eligieron la primera opción.

Algunos no entienden su detención. Rafael Ganton asegura que no había bebido ese día y que su único delito fue aparentemente el de andar de noche sin camiseta. "Iba simplemente a cerrar las puertas de nuestro negocio, donde se juega al billar", cuenta a AFP.

José Diokno, presidente de un grupo de ayuda jurídica gratuita que atiende a víctimas de abusos, está preocupado por estas operaciones y en particular por los efectos sobre los niños. Además, critica que vayan dirigidas contra los más pobres. "Son los más débiles, los más fáciles de oprimir", asegura a AFP.

- Permiso para matar -

Rodrigo Duterte ha prometido recompensas para los policías que maten a delincuentes y ha llamado a los ciudadanos a abatir ellos mismos a los sospechosos.

Una política que tiene a José Diokno "escandalizado" porque según él equivale a "invitar a la gente a tomarse la justicia por su mano".

En la misma línea crítica con Duterte, el presidente saliente Benigno Aquino llamó este domingo a sus conciudadanos a ser "vigilantes" para que no se repita la pérdida de libertades que sufrió el país con la dictadura de Ferdinand Marcos (1965-1986).

En las dos últimas semanas, comandos no identificados mataron al menos a nueve presuntos narcotraficantes, según la policía, lo que hace temer que ya estén actuando grupos de autodefensa.

Estos crímenes hacen pensar en los cometidos en Davao, una gran ciudad del sur de Filipinas donde Rodrigo Duterte ha sido alcalde desde hace años. Según él, Davao es ahora una de las ciudades más seguras del país, aunque los defensores de los derechos humanos aseguran que más de mil personas murieron a manos de escuadrones de la muerte.

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AFP