Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

Un hombre permanece sentado frente a la policía de Macedonia durante una protesta de migrantes que esperan a cruzar la frontera entre Grecia y Macedonia, cerca de Gevgelija, el 25 de noviembre de 2015

(afp_tickers)

"Mi mujer y mis hijos cruzaron en verano sin ningún problema y están en Suecia. ¿Cómo puedo unirme a ellos?". Alí es uno de los cientos de migrantes bloqueados en la frontera entre Grecia y Macedonia, desde que varios países les cerraron sus puertas.

"Llevo cinco días aquí y no sé qué hacer. Si no me dejan seguir, mi vida acaba aquí", dice este yemení de 49 años, cerca del paso fronterizo de Idomeni.

A su alrededor, unos 1.500 compañeros de infortunio deambulan por los campos, cerca de la frontera que las autoridades macedonias cerraron el jueves a quienes no vinieran de países en guerra. Son iraníes, paquistaníes, marroquíes, argelinos, bangladesíes o somalíes. La mayoría son hombres jóvenes.

Un centenar de ellos bloquearon una vía de tren que une Atenas a Skopje en señal de protesta. Y unos 10, que dicen ser iraníes, se cosieron la boca ante los medios de comunicación y emprendieron una huelga de hambre.

Amir lleva a su niña de 18 meses en brazos. En la mejilla del bebé, escribió la palabra "Help" (ayuda, en inglés). "Queremos ir a Alemania, no podemos volver a Irán, somos cristianos y ahí eso nos crea muchos problemas", explica.

"¿Por qué no nos dejan pasar?, ¿acaso no somos seres humanos?", se indigna este treintañero, que pensaba haber hecho lo más difícil al llegar a Grecia tras cruzar el Egeo desde Turquía.

- En busca de otra ruta -

Unos 12.000 ciudadanos de Afganistán, Siria e Irak, los únicos que tienen permiso para seguir su rumbo hacia Europa, cruzaron la frontera desde el sábado, según una fuente policial.

Para los demás, toca esperar en un clima de incertidumbre y frío. Alrededor de cinco grandes tiendas de campaña, varias oenegés y agencias de la ONU distribuyen un poco de comida y limpian los inodoros. Pero "las condiciones son miserables", se enfada Amir.

Algunos se resignan a viajar a Tesalónica, la gran ciudad del norte de Grecia, por donde transitó la mayor parte de ellos, o se dirigen a Atenas, al sur.

"Hemos pagado 50 euros -53 dólares- para volver a Atenas, porque no dejan pasar a los africanos. Una vez ahí, ya veremos. Queremos ir a Europa", explica un joven ugandés, que se dispone a subir a un autocar.

En principio, los pases que Grecia entregó a los migrantes los obligan a abandonar el territorio en el plazo de un mes y les prohíbe viajar a los grandes centros urbanos.

Con la ayuda de cooperantes, las autoridades "intentan convencerlos poco a poco de que es improbable que puedan pasar", aseguró el martes el ministro de Política Migratoria, Iannis Mouzalas, que estuvo en Idomeni el sábado.

El mensaje quizá empiece a llegar hasta los migrantes que esperan en Turquía. En los últimos días, hubo menos llegadas a Grecia, aunque las autoridades griegas no descartan que esto se debiera al mal tiempo.

AFP