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Soldados indios patrullan la carretera nacional de Jamu-Srinigar, cerca de la frontera con Pakistán, el 30 de noviembre de 2016

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Setenta años después de la separación de India y Pakistán, la frontera entre los dos hermanos enemigos del sur de Asia sigue siendo, a pesar del paso del tiempo, una zona bajo tensión.

Cada día, a última hora de la tarde, miles de personas asisten a la pintoresca ceremonia militar del cierre de la frontera entre los dos países en Wagah (norte). Pero esta semana, los desfiles militares tendrán un significado especial, ya que los dos países celebran el 70º aniversario de su separación en 1947.

Aquel acontecimiento, que conllevó una de las mayores migraciones humanas de la historia, dejó un traumatismo duradero en las memorias del subcontinente. Entre uno y dos millones de personas perdieron la vida en el desmantelamiento del imperio colonial británico en la región en dos naciones distintas, una de mayoría hindú, India, y otra de mayoría musulmana, Pakistán.

En Wagah, cerca de la ciudad de Amritsar en el Punyab indio, la disputa entre Nueva Delhi e Islamabad queda escenificada cada tarde por la confrontación teatral entre soldados indios y paquistaníes.

Al caer la noche, los militares de ambos ejércitos se enfrentan en medio de aclamaciones populares. Unos tras otros, los soldados indios y paquistaníes, que llevan tocados tradicionales, demuestran su agilidad levantando las piernas, hinchando los músculos y el pecho, mirándose a los ojos. Luego bajan las banderas nacionales, y dos soldados se estrechan la mano con una sonrisa forzada. Las puertas se cierran.

Esa ceremonia no deja de ser inofensiva, a pesar de su aire marcial, pero, más al norte, las tensiones fronterizas se cobran vidas.

En Cachemira, una región himalaya cuya soberanía reclaman ambos países y que está divida de facto entre ellos, la línea de alto el fuego se halla en un estado de alerta permanente. Bombardeos y tiros causan víctimas mortales casi a diario en los últimos tiempos.

En el lado indio, decenas de miles de civiles murieron en los últimos 30 años en el valle de Cachemira, escenario de una insurrección separatista derivada del conflicto indo-paquistaní.

En lo que va de año, 40 insurgentes murieron, según las autoridades indias, al intentar entrar de forma clandestina en la parte india de Cachemira. Nueva Delhi acusa a Islamabad de apoyar bajo mano a la rebelión armada en esa región, lo cual desmiente el gobierno paquistaní.

- Nueva generación -

Desde hace año y medio, las relaciones entre ambos países son execrables y no se espera ninguna mejora a corto plazo.

El mandato del primer ministro indio Narendra Modi, elegido en 2014, comenzó con un acercamiento a Islamabad, que dio lugar a una visita del líder nacionalista hindú a Pakistán a finales de 2015.

Pero un ataque contra una base militar, reivindicado por un grupo yihadista instalado en Pakistán, y una serie de crisis acabaron con los tímidos avances entre ambos países.

Símbolo de esas tensiones: los equipos indio y paquistaní de cricket, el deporte rey en esa parte del mundo, no se han enfrentado en partidos de cinco días desde 2007.

Para el analista político paquistaní Hasan Askari, las relaciones indo-paquistaníes han tocado fondo. "La crispación actual entre India y Pakistán es contra natura. Así que no creo que siga así en el futuro", declara a la AFP.

Según él, el bloqueo diplomático es fruto de la fijación de India con el tema de los movimientos yihadistas en Pakistán. "Eso significa que no habrá casi ninguna posibilidad de diálogo en un futuro cercano, porque el gobierno paquistaní es incapaz de garantizar a sus propios ciudadanos que no habrá actividad terrorista [en su suelo], así que puede hacerlo con India", opina.

Lejos de la política y las posturas diplomáticas, Guneeta Singh Ballah, fundadora de la oenegé 1947 Partition Archive, cree que las jóvenes generaciones pueden cambiar la situación.

"La generación que no ha conocido la muerte y la destrucción [de 1947] sentía más odio hacia el otro bando que sus padres", explica esa mujer, que recogió el testimonio de miles de supervivientes de la partición de la India. Pero, "creo que la nueva generación está más decidida a pasar página", espera.

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AFP