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Un helicóptero sobrevuela la ciudad de Valencia, en Venezuela, el 6 de agosto de 2017

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Sobrevuelo de helicópteros, barricadas, tanquetas, detonaciones: la tensión se apoderó de la ciudad venezolana de Valencia (norte), donde el Gobierno denunció que fue atacada este domingo una base militar, con saldo de dos muertos y ocho detenidos.

Según el presidente, Nicolás Maduro, una veintena de hombres, entre ellos un exmilitar, irrumpió en la madrugada en el fuerte Paramacay y se dirigió al parque de armas, de donde sustrajo material bélico.

Dos asaltantes murieron, mientras ocho fueron detenidos, precisó Maduro, quien dijo que en el destacamento hubo "combates" durante unas tres horas, tras los cuales los militares "hicieron huir a los atacantes" restantes, que están siendo buscados, agregó.

"Yo estuve al frente de la dirección como comandante en jefe" de la Fuerza Armada, sostuvo en su programa semanal de televisión, en el que lució distendido.

Uno de los capturados es un teniente que desertó hace varios meses y está "colaborando activamente" y los demás son civiles, detalló el mandatario, que ordenó reforzar la seguridad e inteligencia en todas las unidades militares.

"Hace una semana les ganamos con votos y hoy hubo que ganarle con balas al terrorismo", afirmó el presidente, aludiendo a las elecciones de su poderosa Asamblea Constituyente.

Maduro negó que fuera una "rebelión" militar y remarcó que se trató de un "ataque terrorista", según él financiado desde Bogotá y Miami.

"Toda Venezuela ha estado en paz, hay un incidente allá que lo atendimos bien", afirmó el gobernante socialista.

- Tensión -

Sin embargo, en Valencia (180 km al oeste de Caracas) la situación fue tensa. Los alrededores de la base, sede de la 41 brigada del Ejército, fueron sobrevolados por helicópteros y custodiados por uniformados en tanquetas y con armas largas, comprobó un equipo de la AFP.

Tras el incidente, decenas de personas levantaron barricadas en las cercanías de esa ciudad, donde pusieron troncos de árboles y quemaron basura, desatándose choques con militares de la Guardia Nacional que los dispersaron con gases lacrimógenos y perdigones.

Más temprano, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, aseguró que fue un ataque de "tipo paramilitar", según un comunicado que firmó ante una cámara junto a otros mandos y con su habitual consigna: "¡Chávez vive, la lucha sigue!".

Sin embargo, restó importancia al hecho, indicando que no fue "más que un show propagandístico" de la "extrema derecha", como Maduro llama a la oposición.

El ministro reiteró el "apoyo incondicional" de la Fuerza Armada al gobernante socialista, enfrentado desde hace cuatro meses a protestas que dejan 125 muertos y exigen su salida del poder.

La coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) destacó en un comunicado que "la crisis (...) se manifestó expresa y públicamente en los cuarteles de nuestra Fuerza Armada", al tiempo que que el presidente del Parlamento, Julio Borges, exigió al Ejecutivo la "verdad" sobre este hecho y abstenerse de una "cacería de brujas".

Maduro, que exigió la "pena máxima" para los atacantes en el juicio que ya comenzó, denuncia con frecuencia planes de golpe de Estado de sus oponentes políticos, apoyados por Estados Unidos.

- Presunto alzamiento -

El incidente se conoció luego de la difusión en redes sociales y varios medios de un video grabado supuestamente en la 41 brigada, en el que un hombre que se presenta como el capitán Juan Caguaripano se declara en "rebeldía" contra Maduro y exige un "gobierno de transición".

"Nos declaramos en legítima rebeldía (...) para desconocer la tiranía asesina de Nicolás Maduro. Aclaramos que esto no es un golpe de Estado, esta es una acción cívica y militar para restablecer el orden constitucional", afirma el hombre junto a unas 15 personas vestidas de camuflaje, algunas armadas.

La Fuerza Armada es el principal sostén de Maduro, quien le ha otorgado gran poder político y militar.

Los hechos de Valencia añadieron más tensión al ya convulso escenario político venezolano, sacudido en los últimos días por varios episodios.

La noche del sábado, de forma sorpresiva, Leopoldo López, el más emblemático de unos 500 opositores presos, fue puesto nuevamente en arresto domiciliario tras cuatro días en una cárcel militar bajo sospecha de fuga.

López purga una condena de casi 14 años de cárcel por "incitar a la violencia" en protestas que dejaron 43 muertos en 2014.

Su traslado cerró una jornada de vértigo, luego de que en la mañana la Constituyente, que iniciaba sesiones, destituyera a la fiscal general, Luisa Ortega, una chavista enfrentada con Maduro a quien acusa de tener "ambiciones dictatoriales".

La Constituyente decidió que sesionará hasta por dos años, es decir, más allá del período de Maduro que concluirá en enero de 2019.

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AFP