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Los restos de un autobús incendiado durante una disputa entre narcotraficantes y policía en Rio de Janeiro, el 2 de mayo de 2017

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La guerra entre narcotraficantes y policías volvió a incendiar este martes Rio de Janeiro, que quedó parcialmente paralizada por la quema de autobuses en su avenida principal tras un operativo que dejó dos muertos y 45 detenidos.

Los incidentes arrancaron de madrugada en el barrio de Cidade Alta, en el norte de la ciudad, a raíz de una denuncia vecinal sobre una supuesta "invasión" de una facción en esta zona popular y conflictiva bajo dominio de otro grupo criminal.

Un importante contingente de la Policía Militar se desplegó rápidamente en la zona y pidió ayuda a las fuerzas especiales, que incluso utilizaron helicópteros para cercar a los delincuentes, fuertemente armados.

Fue "una acción policial rápida, eficaz y que evitó un baño de sangre", aseguró en una rueda de prensa el secretario de Seguridad del estado de Rio, Roberto Sá, al confirmar la muerte de dos presuntos criminales y lesiones leves de tres agentes en el operativo.

El funcionario también informó de la detención de 45 personas y el decomiso de 32 fusiles, 11 granadas y cuatro pistolas.

- Pánico en la avenida -

En respuesta a ese gran operativo policial, que dejó más de 12.500 niños de Cidade Alta sin clases, hombres encapuchados sembraron el pánico en la concurrida Avenida Brasil, contigua a Cidade Alta, y en la carretera Washington Luis.

Los delincuentes incendiaron ocho autobuses y dos camiones en varios puntos de esas vías después de hacer bajar a la fuerza a sus pasajeros, paralizando el tráfico en horas pico de la mañana y llegando a provocar embotellamientos de más de 60 km.

"Entendemos que estas acciones descentralizadas [en la avenida Brasil] eran justamente para distraernos y causar confusión y para que los criminales lograsen huir de ese cerco", explicó el coronel Silva a Globo News.

A esa caótica imagen le siguió el saqueo de un camión por parte de pobladores -algunos con el rostro cubierto-, que finalmente fueron dispersados con gases lacrimógenos por la policía.

Este episodio violento volvió a ilustrar la rampante crisis de inseguridad en la ciudad que hace menos de un año acogió los Juegos Olímpicos.

El secretario Sá admitió que "la criminalidad se está sintiendo cada vez más fortalecida" ante un estado en bancarrota y que tiene dificultades para pagar a tiempo a sus fuerzas de seguridad.

Y señaló que la disputa territorial entre grupos criminales se extiende actualmente en varias partes de la ciudad, especialmente en sus empobrecidas favelas, donde los tiroteos entre bandas y con la policía se repiten con frecuencia.

En este caso, Sá atribuyó la riña a un intento del Comando Vermelho (CV), la mayor facción de Rio, de retomar el poder en esa zona al modesto Terceiro Comando Comando Puro (TCP). Y dijo que dirigentes de ese grupo en prisión fueron quienes ordenaron el ataque.

Analistas apuntan que el TCP y otros pequeños grupos de Rio se aliaron con el archirival del CV, el Primer Comando de la Capital (PCC) de Sao Paulo, y agudizaron la guerra entre estas dos grandes facciones en Brasil.

Los constantes choques entre agentes y traficantes, cuyas balas perdidas causaron recientemente la muerte de niños, constatan la debilidad del plan para pacificar las favelas a través de policías de proximidad iniciado en Rio ante el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

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AFP