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El comandante de la guerrilla comunista Nuevo Ejército del Pueblo (NPA) de Filipinas, Jaime Padilla (c), ofrece una rueda de prensa en las montañas de Sierra Madre, al este de Manila, el 30 de julio de 2017

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En medio de la selva filipina, una lámpara de keroseno alumbra un ordenador portátil mientras Jaime Padilla, el septuagenario comandante de la guerrilla comunista, revisa los últimos detalles de las próximas operaciones del grupo acompañado por las nuevas generaciones de combatientes.

La guerrilla maoísta, una de las más antiguas de Asia, se formó pocos meses antes de la llegada del hombre a la Luna, alimentada por las abismales desigualdades entre ricos y pobres.

Hoy en día sigue activa, a pesar de que la economía del archipiélago registra uno de los crecimientos más robustos del mundo, sin haber logrado reducir no obstante las inequidades.

"Hay un vivero importante de jóvenes listos para comprometerse en la guerra del pueblo, aunque falten todavía 100 años" para la victoria, contó Jaime Padilla, de 70 años.

Padilla, uno de los hombres más buscados de Filipinas, ofreció una excepcional rueda de prensa ante un puñado de periodistas.

Este guerrillero se unió a las filas del Nuevo Ejército del Pueblo (NPA) pocos años después de la fundación de la rebelión.

Tras su llegada al poder en 2016, el presidente Rodrigo Duterte, que se define como socialista, lanzó las conversaciones de paz con los maoístas y generó grandes expectativas de finalizar con un conflicto que ha dejado cerca de 30.000 muertos, según las cifras del ejército.

Pero, en julio, Duterte declaró indignado que no iba a haber más negociaciones, ya que el NPA seguía extorsionando a los empresarios y atacando a las fuerzas de seguridad.

Padilla, un hombre menudo, pasó de ser un agricultor a la clandestinidad del monte, donde opera con el alias de "Ka (camarada) Diego".

Según el ejército, dirige el comando Melito Glor, una de las unidades más importantes de la guerrilla, el brazo armado de los comunistas, que cuenta con cerca de 3.800 miembros.

Su unidad opera en el sur de la isla de Luzón, el corazón de la industria de Filipinas, situado cerca de Manila.

Suele atacar puestos avanzados militares aislados y así se hace con las armas de los soldados y de los policías muertos.

Padilla cuenta que el grupo exige el "impuesto revolucionario" tanto a las grandes centrales energéticas como a pequeños ganaderos porcinos y también a políticos.

Los guerrilleros duermen en hamacas, ayudan a los campesinos en las cosechas y desaparecen en la selva cuando se acercan comandos militares muy numerosos.

Siempre prefieren atacar a unidades más reducidas, explicó el líder comunista.

- La hoz y el martillo en sus rostros -

El encuentro con los periodistas fue organizado en una colina rodeada de árboles de banano, a unas dos horas caminando de un caserío donde se cultiva el coco.

Los cerca de 50 combatientes que acompañan a Padilla visten uniformes caqui inspirados en el estilo de Mao Zedong, fundador de la República Popular de China y padrino ideológico del movimiento.

La mayoría de ellos, hombres y mujeres, ocultan sus rostros bajo una espesa capa de maquillaje rojo con, en amarillo, la hoz y el martillo.

Aunque son relativamente pocos, las informaciones sobre sus acciones contra el ejército y la policía no cesan.

En julio, seis policías y un civil murieron en la isla central de Negros, según la policía.

Los rebeldes comunistas también hirieron a cinco guardaespaldas de Duterte en el sur.

Padilla advirtió de que si bien quieren la paz y la continuidad de las negociaciones, que se desarrollan en Europa, también están listos para seguir el combate.

"Hace 50 años que luchamos. ¡Qué importa si necsitamos todavía otros 50!", dijo el guerrillero mientras exponía una presentación con los datos de las operaciones de su unidad, ayudado por una combatiente de unos 20 años.

Los ataques de los rebeldes fueron "en legítima defensa", afirmó.

También defendió el "impuesto revolucionario", que alcanza el 2% de cualquier inversión. Las empresas que se niegan a pagar son "duramente castigadas" y su material es a menudo incendiado.

- Extorsión -

Este dinero es vital para la continuidad del grupo.

Según el portavoz del ejército, el general Restituto Padilla, que no tiene ningún parentesco con el guerrillero, esta cifra representa 2.000 millones de pesos anuales (33,5 millones de euros, 39 millones de dólares). Es "extorsión" pura, indicó.

"Esto paraliza la economía local, la gente sigue siendo pobre y entonces es más fácil reclutarlos. Es un círculo vicioso", agregó.

Una de las razones de la supervivencia del movimiento, pese al declive mundial del comunismo, radica en las desigualdades, que han creado enormes riquezas pero dejando a decenas de millones de personas en la pobreza.

Filipinas es uno de los países de Asia que más creció durante la década pasada, con una expansión de la economía de más del 6% anual.

Pero 22 millones de filipinos, es decir, una de cada cinco personas, ganan un dólar o menos por día, según los datos oficiales.

Debido a los magros salarios, unirse al NPA se convierte en una opción viable, incluso para jóvenes salidos de la universidad, contó Jaime Padilla.

Una de ellas, una combatiente de 25 años identificada como Ka Kathryn, explicó a la AFP que se unió al grupo hace cinco años, después de que su padre, un ingeniero, fuera despedido por una empresa de energía por haber montado un sindicato.

"Nos enfrentamos a un enemigo que comete atrocidades contra el pueblo", afirmó Kathryn, que antes soñaba con ser presentadora de la televisión pero que ahora porta siempre consigo un fusil M-16. "Frente a ellos, hay que resistir de pie, no agazapados en el miedo", declaró.

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AFP