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Un niño herido en un hospital improvisado después de bombardeos del régimen sirio sobre la ciudad rebelde de Duma, cerca de Damasco, el 7 de febrero de 2018

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El socorrista sirio Abu Mohamed Omar tiene el tiempo contado para buscar supervivientes bajo los escombros después de los bombardeos contra un bastión rebelde a las puertas de Damasco. Los aviones del régimen sirio no están lejos y atacarán de nuevo.

Más de 145 civiles, entre ellos niños, murieron en los ataques aéreos de esta semana contra el enclave rebelde de Guta oriental, cerca de la capital siria.

Cada día, se repiten las mismas escenas de desolación.

En los hospitales, los cuerpos envueltos en mortajas están alineados en el suelo manchado de sangre y los niños esperan turno para ser atendidos por el personal sanitario.

En las calles, edificios de cinco o seis plantas se desplomaron sobre los residentes. Socorristas y vecinos se suben a las ruinas para intentar evacuar los cuerpos ensangrentados en medio de una espesa polvareda.

Delante de un edificio en ruinas de Duma, la gran ciudad de Guta, Abu Raad llora. Una de sus hijas murió en un bombardeo, la otra está desaparecida. "No encuentro a mi hija ¿qué voy a hacer?", dice el padre, desesperado. Los socorristas buscan entre los escombros.

- 'Bajo los escombros' -

"El alcance de los daños es enorme, cada minuto cuenta", resume Abu Mohamed Omar, un miembro de los cascos blancos, la defensa civil en territorio rebelde.

En Guta, sometida a un asedio del régimen desde 2013, los equipos de socorro carecen de bulldozers y de carburante, explica el joven de 23 años.

"Si tuviéramos más máquinas y equipamiento, podríamos salvar más vidas", añade.

Con la voz entrecortada por la emoción, cuenta un caso que le marcó. Fue el martes por la noche. "Un edificio de cinco plantas cayó sobre sus habitantes. Había alguien bajo los escombros (...) lo intentamos pero no pudimos sacarlo".

El equipo tuvo que interrumpir la operación de rescate debido a los disparos, pero "esta persona no la vamos a dejar bajo los escombros. Aunque esté muerta la vamos a devolver a su familia", promete.

Guta oriental vive un infierno: la población sufre penuria de comida y de medicamentos y hay niños en peligro de muerte por desnutrición.

Desde el lunes los aviones del ejército sirio bombardean sin tregua este perímetro asediado de un centenar de km².

Cuando los aviones llegan, las calles se vacían, cuenta Abu Samer, un conductor de ambulancias en la localidad de Hamuriyé, que lamenta la escasez de gasolina que le impide trabajar.

"Lo difícil es la falta de combustible. Sin eso podría ir a cualquier sitio", explica el hombre.

- 'Increíble' -

Los médicos no dan abasto con los heridos.

"La situación es catastrófica", afirma Osama, un médico de urgencias que, junto a sus colegas, atendió el martes a un centenar de heridos en una hora. "Sólo Dios sabe hasta cuándo podremos soportarlo".

El miércoles los heridos seguían llegando por decenas. "Hace tres días que los bombardeos se intensificaron, es increíble", declara el enfermero Rabih Ahmed.

"Tenemos diez muertos, más de 70 heridos, algunos están en la sala de operaciones, su estado es crítico", explica a media jornada. En una situación normal el establecimiento recibe entre 50 y 60 heridos diarios.

A nivel emocional es espantoso.

El enfermero de 25 años se vino abajo al atender a un niño que tuvo que ser amputado por culpa de un bombardeo.

El niño le besaba la mano suplicándole que salvara su pie. "Me fui y me eché a llorar. No sabía qué hacer. Me partió el corazón".

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AFP