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Fuerzas del Gobierno sirio patrullan la ciudad de Daraya, al suroeste de Damasco, el 24 de febrero de 2016

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Las bombas y el hambre, promesas de pan y amnistía, el palo y la zanahoria: el régimen sirio lo ha intentado todo para someter a la ciudad de Daraya, cerca de Damasco... pero todo ha sido en vano.

Esta localidad rebelde estuvo en 2011 en primera línea durante las manifestaciones contra el presidente Bashar al Asad y fue una de las primeras contra las que se estableció un cerco, a finales de 2012.

A pesar de los llamamientos de los habitantes, de las exhortaciones de la ONU y de las organizaciones de derechos humanos, el Gobierno siempre rechazó la entrada de ayuda en el territorio rebelde al suroeste de la capital. Sin embargo, autorizó la ayuda a muchas otras localidades desde la instauración de un alto al fuego parcial el 27 de febrero.

Daraya está situada a solo 15 minutos en coche del centro de Damasco pero sobre todo está muy cerca de la base aérea de Mazé, sede de los temibles servicios de inteligencia del ejército del aire y de su terrible prisión.

Según una fuente cercana al Gobierno, esta ciudad es una piedra en el zapato del poder. "Daraya tiene un lugar especial en el pensamiento del Gobierno. El Estado no quiere una tregua, desea conquistarla pues ocupa una posición muy estratégica", explica sin rodeos.

Los militantes antigubernamentales de los Comités Locales de Coordinación (LCC) aseguran que actualmente se registran combates en los suburbios de la ciudad, y conforme a la web prorrégimen Al Masdar el ejército "prepara una vasta operación" para capturar Daraya en los próximos días.

- 'El asedio olvidado' -

En noviembre de 2012, las fuerzas gubernamentales "establecieron cordones a la entrada de la localidad y en diciembre, ya no habían caminos seguros para entrar o salir", explica un militante local, Shadi Matar.

La ciudad se vació del 90% de sus 80.000 habitantes. "Su asedio cayó en el olvido. Fue uno de los primeros lugares en ser totalmente cercado, e incluso tras la tregua, ninguna ayuda médica ni alimentaria han llegado a Daraya", asegura Matar, quien se encuentra en la ciudad.

Médico en esta ciudad, Hosam Jshini señala que los habitantes carecen de todo y se limitan a comer hierbas silvestres. "¿Electricidad? Ya no sabemos lo que quiere decir. ¿Agua? Viene de pozos y no es potable. ¿La comida o la leche para niños? No hay", lamenta.

- 'Un quebradero de cabeza' -

El 12 de mayo, el doctor Jshini y otros habitantes esperaban ansiosamente la llegada de cinco camiones, cargados principalmente de leche para bebés y de material escolar, que fueron bloqueados a la entrada de la ciudad.

"Daraya es un 'quebradero de cabeza' para el régimen. La ONU realmente ha intentado entrar pero el régimen se niega, dando excusas mediocres para bloquear la ayuda", explicó a AFP este médico.

Una fuente cercana al régimen aseguró a AFP que "Daraya es una línea roja para el régimen, pues la mayoría de los combatientes pertenecen a los grupos más radicales y más religiosos. Es por ello que el Estado cree que la ayuda humanitaria nunca irá a los civiles".

Para justificar la negativa, un soldado gubernamental se dijo "sorprendido de ver que los combatientes rebeldes (de Daraya) están en buena forma mientras los civiles tienen un aspecto triste y miserable". "Si dejamos entrar una ayuda, los rebeldes la robarán", dijo ese soldado a AFP.

Los militantes rechazan esos argumentos. "Daraya es conocida como escuela de la revuelta, no de la violencia", asegura Bisan Fakih, para quien eso explica que "la dictadura se ponga nerviosa ante ese desafío en sus propias narices".

"La resistencia de esta ciudad es el grano de arena que impide a Bashar acallar la revuelta", afirma.

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AFP