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Un niño sirio en un campo para desplazados cerca de Manbij, el 6 de marzo de 2017

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En un retén del norte de Siria, una mujer y su marido están sentados en un camión, exhaustos, en espera de luz verde para alejarse de los combates y de los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

Nuri Hasan Abdulá y su esposa no tienen elección: deben ser pacientes.

"Desde nuestra llegada nos controlaron tres veces y examinaron nuestros carnés de identidad y de familia", explica el hombre.

Como decenas de miles de personas, el matrimonio intenta huir de la parte este de la provincia de Alepo, donde las fuerzas del régimen sirio combaten al EI. Se fue de su aldea de Maskana hace una semana tras intensos bombardeos contra el grupo yihadista que ocupa el lugar.

Los desplazados convergen hacia Manbij y sus alrededores, más al norte, un sector controlado por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza de combatientes kurdos y árabes.

Las FDS tienen dificultades para hacer frente a estos civiles que se agolpan en los retenes y a los que tienen que controlar para asegurarse de que no son combatientes del EI que intentan huir.

"Perdí el carné de identidad de mi mujer durante los numerosos controles y ahora ya no sé qué hacer para seguir nuestro camino", lamenta Nuri Hasan Abdulá.

"Tengo que pasar para acompañar a mi mujer a Damasco para que le curen un pie" que se rompió hace unas semanas, explica. Ella lo interrumpe: "He sufrido mucho, espero poder curarme".

Más de 65.000 personas han huido de las dos ofensivas contra el EI: la de las fuerzas prorrégimen apoyadas por Rusia (que le arrebataron un centenar de localidades desde mediados de enero) y la de las FDS.

- Yihadistas acorralados -

Los civiles llegan a los retenes a pie, en coche o en minibús y esperan horas, cuando no días, antes de ser autorizados a entrar en el sector de Manbij.

Algunos deciden esperar en las aldeas de los alrededores mientras que otros prueban suerte en distintos puestos de control.

A un retén cercano a la aldea de Saediya llegan dos hombres en un coche cargado de enseres. Abdelatif al Jalaf, de 29 años, tiene una mano vendada y su amigo resultó herido en un pie por un disparo.

"Unos combatientes de Dáesh (EI) abrieron fuego contra nosotros cuando huíamos hace cuatro días, al alba", cuenta. "Me atendieron en un hospital junto a otros cinco heridos y luego pasamos varios retenes hasta llegar aquí".

Un policía, Mohamed Ahmed al Saadun, justifica las largas colas por la necesidad de impedir la infiltración de yihadistas.

Más allá de las armas y de los explosivos, estos controles buscan señales sutiles de pertenencia al movimiento yihadista, como marcas "de que se pusieron cinturones de explosivos, huellas en el índice de tanto haber pulsado el gatillo o heridas por disparos de armas o por esquirlas".

El portavoz de la policía de Manbij, Mahmud Othman Jalaf, afirmó a la AFP que las fuerzas de seguridad detuvieron a una veintena de personas sospechosas de ser yihadistas infiltrados entre civiles que huían.

"No permitiremos a nadie poner en peligro nuestra ciudad", dijo firmemente.

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AFP