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El presidente ruso, Vladimir Putin, saliendo del Palacio del Elíseo el 2 de octubre de 2015, en París, tras una cumbre con los líderes de Francia, Alemania y Ucrania, en la que hablaron de la crisis en este último

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El presidente ruso, Vladimir Putin, no ha escatimado en medios militares en Siria, con aviones de caza y el lanzamiento de misiles de crucero desde el mar Caspio, para mostrar una Rusia renacida capaz de oponerse a los occidentales, según los expertos.

Desde finales de septiembre, Moscú hace gala de su poderío lanzando una campaña de intensos bombardeos en una Siria en guerra, haciendo sombra a la coalición encabezada por Estados Unidos y provocando la ira de los países occidentales.

Esta importante intervención es la primera operación militar desarrollada por Moscú fuera de las fronteras de la antigua URSS desde su desastrosa campaña en Afganistán en 1979. Y tiene lugar en una región considerada desde hace años como un territorio reservado para los occidentales, con Estados Unidos en cabeza. Para los expertos, el Kremlin busca recuperar un poco de su antiguo estatuto de superpotencia.

Rusia, con sus modernos aviones Sukhoi y modelos soviéticos más antiguos, afirma haber destruido múltiples puestos de mando y campos de entrenamiento de los "terroristas", en su ofensiva en apoyo a las fuerzas de su aliado, el presidente sirio, Bashar al Asad. Moscú ha hecho entrar en juego también a su flotilla en el mar Caspio, desde donde lanza misiles de crucero contra objetivos situados a 1.500 kilómetros de distancia. Esta novedosa acción busca demostrar la potencia militar rusa.

"No puedo decir con certeza si tiene sentido, militarmente hablando, el uso de estos misiles desde el mar Caspio", asegura el analista político Grigori Melamedov. "Hemos demostrado nuestra fuerza, ¿a quién? ¿A los islamistas? No, ante todo a los estadounidenses".

- 'Vencer a Occidente' -

Con el lanzamiento de la campaña rusa en Siria, Vladimir Putin volvió a situarse en primer plano de la escena internacional, a pesar de su relativo aislamiento desde la integración en marzo de 2014 de la entonces península ucraniana de Crimea en territorio ruso y el inicio del conflicto en Ucrania.

"Putin no tiene la intención de vivir aislado o de liderar un Estado paria", explica el experto Alexandre Baunov, del Centro Carnegie de Moscú.

Los analistas estiman de hecho que el apoyo al régimen de Bashar al Asad no es el único objetivo del Kremlin. La intervención rusa aparece también como un intento mayor de entrar en competición con los occidentales, o incluso de intimidarlos.

"Las tensiones no están vinculadas tanto a Siria o al [grupo yihadista] Estado Islámico, como a los principios globales" de soberanía e injerencia en el extranjero, afirma Matthew Rojanski, director del Kennan Institute con sede en Washington. "El desacuerdo [entre Rusia y los occidentales] sobrepasó el estado de las maniobras diplomáticas y presiones económicas. Llegamos a un punto en que se utilizan los efectivos militares para poner de relieve un argumento", explica.

Sin embargo, la campaña militar en Siria se desarrolla en un momento en el que Rusia se encuentra debilitada por una crisis económica agravada por las sanciones occidentales y la caída de los precios del petróleo. Algunos observadores estiman que este costoso intento de recuperar prestigio internacionalmente podría ser catastrófico.

El Kremlin mantuvo un importante nivel de gasto militar, a pesar del descenso de los ingresos del Estado ruso. El presupuesto de Defensa de 2015 es de unos 46.600 millones de euros o 52.900 millones de dólares, un monto equivalente a más de 4% de su PIB.

Una intervención prolongada en Oriente Medio podría generar dificultades económicas adicionales a Rusia, un riesgo que la población y las autoridades parecen dispuestos a correr a condición de alcanzar sus objetivos en la escena internacional. "El pueblo ruso no tolerará dificultades económicas para hacer la guerra al EI, pero sí lo hará para vencer a Occidente", asegura Melamedov.

- 'Inevitable' deterioro -

El intento ruso de volver al tablero político mundial en Oriente Medio ha alimentado las divisiones en esta región, donde varios países condenaron la intervención de Moscú. "Los suníes quieren que Rusia se marche de Siria, pero los chiíes quieren que continúe", resume Baunov.

Para el analista Vasili Kashin, la "inevitable consecuencia" de la campaña siria de Rusia es el deterioro de sus relaciones con Turquía, Arabia Saudí y Catar, todos involucrados en la coalición estadounidense que lleva a cabo sus propios bombardeos en Siria.

La tensión se ha recrudecido desde los primeros días de la operación rusa entre Moscú y Ankara, después que aviones rusos violaran el espacio aéreo turco.

Los expertos no creen, sin embargo, que la intervención de Rusia socavará permanentemente sus relaciones con sus socios árabes. Los saudíes tienen "toneladas de intereses comunes" con Rusia y "pasa lo mismo con Turquía", recuerda Rojanski.

AFP