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Una manifestante ataviada con una bandera de la República del Rif, durante una concentración el 30 de octubre de 2017 en protesta por la muerte de un vendedor de pescado en la ciudad de Alhucemas, en el noreste de Marruecos

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'Hirak' ('El movimiento'): seis meses después de la espantosa muerte de un vendedor de pescado aplastado por un camión recolector de basura en Alhucemas (noreste), la respuesta en el Rif marroquí tiene ahora nombre.

"Esto dura y el movimiento se ha extendido a todas las comunas de la provincia", observó un responsable asociativo.

La indignación suscitada por el caso se ha convertido en un "terremoto social", según la prensa local, en esta región montañosa de la costa mediterránea, con una fuerte identidad bereber y conocida por su pasado contestatario.

"¡El 'hirak' es fuerte!", clama Naser Zefzafi, convertido en líder de la protesta por sus asambleas y sus arengas en la red social Facebook.

"Hace seis meses que protestamos, pese a las trampas y las maniobras del Estado para debilitarnos. Y resistiremos hasta que respondan a nuestras reivindicaciones sobre el desarrollo económico y social de nuestra región", promete este desempleado de 39 años.

Ciudad de 60.000 habitantes, con bloques de inmuebles aferrados a la montaña y una plaza central que sale hacia el mar Mediterráneo, Alhucemas muestra una apariencia de normalidad si no fuera por la gran presencia de la policía, tanto uniformada como de civil.

La región, que ya sufre por su ubicación natural, está también económicamente muy afectada. El dinero de la diáspora ya no llega, la producción de cannabis ha sido contenida y el contrabando hacia los enclaves españoles está perdiendo ritmo. Además, la pesca, una de las fuentes de riqueza de la región del Rif, está en crisis.

- Marchas y manifestaciones -

En Alhucemas ha habido grandes marchas que reunieron a miles de personas, la última de ellas tuvo lugar el 9 de abril. Los fines de semana se anuncian una serie de concentraciones que las fuerzas del orden supervisan inmediatamente o impiden que se desplacen hacia el centro de la ciudad.

A excepción de una marcha de estudiantes de instituto secundario a finales de marzo, las manifestaciones son pacíficas. Siempre se hacen las mismas peticiones: trabajo, carreteras, universidades, hospitales, inversiones...

"Las reivindicaciones de estos jóvenes son justas y legítimas, todo el Rif las apoya", aseguró Fayzal Ausar, militante local de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH). "El movimiento va a continuar mientras los problemas sociales y económicos no se resuelvan", añadió.

El papel de la diáspora está en debate. Asociaciones basadas en Europa están teledirigiendo las protestas, según Rabat. Los partidarios de 'hirak', que rechazan "toda injerencia extranjera", alardean sin complejos del apoyo de la diáspora.

Por su parte, el Estado parece que ha calibrado el enfado de sus ciudadanos, pero no responde a la avalancha de reivindicaciones y a la intransigencia del "movimiento". El gobernador fue cesado a finales de marzo, las visitas ministeriales se suceden y una lluvia de proyectos ha sido relanzada.

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