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Nabila Mounib, secretaria general del Partido Socialista de Marruecos, el 22 de septiembre de 2016 en Rabat

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La izquierda marroquí intenta presentarse como una tercera vía entre los islamistas y los liberales, cuyo enfrentamiento domina la campaña de las elecciones legislativas del 7 de octubre en Marruecos.

La Federación de la Izquierda Democrática (FGD), alianza de tres partidos creada en 2007, se presenta como una alternativa con el objetivo principal de instaurar una monarquía parlamentaria.

"Con nosotros es posible otro Marruecos", proclama el eslogan de campaña del FGD, dirigido por la secretaria general del Partido Socialista Unificado (PSU), Nabila Munib.

En pocos meses, esta profesora universitaria de 56 años, única mujer al frente de un partido en Marruecos, se hizo un lugar en la campaña gracias a su franqueza y sus frases contundentes.

"La bipolarización entre un polo conservador y un polo modernista es falsa", dice Nabila Munib a la AFP, al defender la tercera vía entre los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que dirige el gobierno de coalición desde 2011, y los liberales del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM).

"La parte llamada conservadora mostró que era adepta, económicamente, al neoliberalismo con todos sus efectos nefastos. El otro polo, llamado abusivamente modernista, nunca habló de modernidad", acusa Munib.

"Estas dos partes no responden a las aspiraciones de los marroquíes de instalar una verdadera democracia. Nosotros nos ubicamos entre ellos y proponemos una vía que es la de una verdadera reforma política, a través de una separación de poderes", agrega.

El FGD es el heredero de una larga tradición de izquierda, duramente reprimida bajo el reinado de Hasán II, pero luego tolerada y aceptada en el sistema político, aunque en total descomposición desde hace una década.

En 2011, en el momento más intenso de la Primavera Árabe, Nabila Munib apoyó las manifestaciones del "Movimiento del 20 de febrero" y rechazó la reforma constitucional "express", demasiado limitada a su gusto, lanzada por el rey Mohamed VI, que sucedió a su padre en el trono en 1999.

Sin embargo, a fines de 2015, a pesar de sus críticas contra la monarquía, el rey le confió la misión de convencer a Suecia de que renunciara a un posible reconocimiento de la República Árabe Democrática Saharaui (RASD), que cumplió con éxito gracias a sus contactos con la izquierda europea.

A mediados de septiembre, una carta abierta firmada por un centenar de intelectuales, personalidades de la cultura y de la sociedad civil dio una nueva dinámica a la campaña de la izquierda.

Los firmantes exhortaban a Munib a convertir al FGD en una fuerza de cambio frente a los "que dicen que la reforma es posible pero siguen acomodándose con los corruptos. Y a los que se dicen progresistas pero avalan el autoritarismo bajo el pretexto de la lucha contra el fundamentalismo religioso".

Ese discurso puede encontrar eco entre los decepcionados de la política y los abstencionistas (55% en las legislativas de 2011).

"El FGD se beneficia de una coherencia ideológica mucho más fuerte debido a que no participa en el gobierno" que tiene ministros islamistas, liberales, conservadores y comunistas, explicaba recientemente el especialista de la política marroquí David Goeury.

En abril pasado, Nabila Munib sorprendió al ubicarse en el tercer lugar de la clasificación de los políticos susceptibles de encabezar el gobierno, según un sondeo de la revista Tel Quel y la red asociativa TIZI.

"Encarna una determinada libertad de tono"y "su personalidad suscita al parecer más interés que su programa", comentaron los autores del sondeo.

El PSU de Munib, que en 2011 había boicoteado las elecciones legislativas, espera que tras una larga travesía del desierto, la Federación de la Izquierda Democrática "supere los 300.000 votos".

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AFP