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Foto de archivo tomada el 4 de enero de 2017 muestra al primer ministro rumano, Sorin Grindeanu, durante la ceremonia de toma de posesión en el Palacio Cotroceni, la sede de la Presidencia rumana en Bucarest.

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El partido socialdemócrata de Rumania, en el poder, retiró su apoyo el miércoles al primer ministro, Sorin Grindeanu, que rechazó dimitir, lo que podría desatar una nueva crisis política, cuatro meses después de las manifestaciones sin precedentes contra la corrupción.

"Un primer ministro es legítimo mientras que dispone del apoyo de los partidos que lo nombraron, sin embargo, nosotros le retiramos ese apoyo", declaró el jefe del Partido Socialdemócrata (PSD), Liviu Dragnea, tras una reunión de la formación.

"Los ministros dimitieron, Grindeanu ya no tiene gobierno", agregó.

Grindeanu replicó sin embargo que no estaba dispuesto a dimitir. "No dimito. Tengo una responsabilidad con Rumania", dijo en rueda de prensa.

Si se aferra a esta opción, el PSD tendrá que presentar una moción de censura contra su propio gobierno.

Según Grindeanu, esta crisis solo tiene una explicación: la intención del responsable del PSD "de concentrar todo el poder en sus manos".

Dragnea, que llevó a los socialdemócratas a una aplastante victoria en las legislativas de finales de 2016, tuvo que renunciar a presentarse al puesto de primer ministro a causa de una condena a dos años de prisión condicional por fraude electoral. Propuso a Grindeanu, de 43 años, para el cargo.

Según varios analistas, Dragnea y su otrora protegido se habrían distanciado a causa de las reticencias de este respecto a las enmiendas del código penal que Dragnea querría llevar a cabo.

Un intento de suavizar la legislación anticorrupción provocó el pasado invierno una oleada de protestas de una amplitud inédita desde la caída del régimen comunista, lo que obligó al PSD a dar marcha atrás.

"Liviu Dragnea solo quiere una cosa: la modificación de las leyes anticorrupción" que le impiden acceder a la función de primer ministro, señaló el sociólogo y ex miembro del PSD Alin Teodorescu, para quien Grindeanu no está dispuesto a obedecer.

El líder del PSD aseguró que había "analizado de forma rigurosa" la actividad del gobierno, antes de someter el futuro de Grindeanu a la votación de los responsables de la formación.

Pero según el politólogo Ioan Stanomir, hay un solo criterio que cuenta para Dragnea: "la sumisión". Por otra parte, el jefe de los socialdemócratas nunca ha escondido que su intención era llegar a la cumbre del poder.

Grindeanu, un ex ministro de Comunicaciones hasta ahora muy discreto, empezó a dar signos de "emancipación" estas últimas semanas, coinciden los analistas. Miembros cercanos a Dragnea le reprocharon "no consultar al jefe del PSD" tan a menudo como lo hacía a principios de su mandato.

La decisión del PSD tiene lugar cuando Rumania registró el mayor crecimiento económico de la UE en el primer trimestre 2017, a 5,6%.

Dragnea justificó esta evolución con una explicación algo sorprendente: es debida a "la confianza en el programa del PSD y no tiene nada que ver con el gobierno".

A principios de junio, el parlamento, dominado por la izquierda, adoptó un proyecto de ley que aumentará hasta 100% los tratamientos de la función pública, generando el temor de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional a un exceso del déficit.

La entrada en vigor de este texto, previsto en un principio para julio, fue aplazada a enero, ya que los ingresos públicos para los primeros meses de 2017 fueron menos importantes que lo que estaba previsto.

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