Hace 40 años, el 16 de enero de 1979, la presión de la calle empujó al sah a abandonar Irán, llevándose consigo una monarquía de 2.500 años de antigüedad.

Su marcha al exilio puso fin a la dinastía de los Pahlavi, que se mantuvo en el poder 53 años, y abrió la vía al regreso del ayatolá Jomeini y a la llegada de una República Islámica.

Para el monarca destronado, supuso el inicio de un largo periplo que concluiría en El Cairo, donde falleció el 27 de julio de 1980. A continuación, el relato que hizo la AFP de esta jornada.

- El sah abandona Irán -

16 de enero de 1979 (AFP) - Irán se enfrenta ahora a su futuro. Con lágrimas en los ojos, el sah y la sahbanou abandonaron Teherán este martes a las 9H45 GMT para un viaje que, según los observadores, podría ser solo de ida.

Unas horas antes, la Asamblea Nacional había dado su confianza al gobierno del primer ministro Shapur Bajtiar, quien ahora tiene en sus manos --pero, ¿por cuánto tiempo?-- el destino del país.

"Estoy muy cansado", declaró el soberano antes de subir al "Sahin", el Boeing 707 de color azul cielo y blanco que pilota él mismo y que se prevé que aterrice a las 13H30 GMT en Asuán, en el Alto Egipto, donde la pareja imperial es hospedada por el presidente Anuar el Sadat, antes de viajar a Estados Unidos, tras una breve escala en un país europeo.

El sah de Irán tomó con toda discreción el camino del exilio, por segunda vez desde su acceso al trono, en 1941. Su primer exilio fue en 1953, en la época de Mossadegh.

Al aeropuerto de Teherán, vigilado por impresionantes contingentes de soldados, apenas lo acompañaron personalidades cercanas a la corte, algunos militares, el primer ministro y los presidentes de las dos cámaras.

La conferencia de prensa que el rey de reyes debía ofrecer antes de su marcha, se anuló a último minuto y los periodistas fueron llevados de vuelta en autobús a Teherán, con excepción de dos de ellos, iraníes, y de dos fotógrafos oficiales que permanecieron en el lugar.

Antes de subir las escaleras, el sah, vestido de azul, declaró: "Lo que necesita ahora el país es una cooperación entre todos sus habitantes para volver a poner en marcha la economía".

La emperatriz Farah Diba añadió con voz temblorosa que tenía fe en su país. Después, mientras el avión desaparecía entre el cielo gris, un ayudante de campo declaraba: "Una batalla perdida, pero la guerra no terminó".

Tanto en Teherán como en el resto del país, la marcha del sah, anunciada por la radio, supuso en cambio una derrota definitiva. "Sah raft [el sah se fue], viva Jomeini", coreaban los manifestantes que invadieron rápidamente las calles de la capital, entre el ruido de bocinas de los automovilistas, en muestra de alegría.

Los soldados de guardia ante los edificios oficiales y en cruces estratégicos, en algunos casos con un clavel rojo en el fusil, asistieron impasibles a la explosión de alegría popular.

Entretanto, el más tenaz adversario de la dinastía de los Pahlavi, el ayatolá Jomeini, felicitó al pueblo iraní desde su residencia en Neauphle-le-Château, cerca de París, por "esta primera etapa" hacia la "victoria".

Esta victoria, añadió no obstante el líder chiita, no residirá en la abdicación del sah, sino en el fin de la dominación extranjera sobre Irán. Y pidió, "en este momento histórico", al pueblo y al ejército iraníes, hacer que fracase cualquier intento de desorganización de la economía del país.

El ayatolá se limitó a decir que regresará a su país, del que se exilió hace 15 años, "en el momento oportuno".

(...)

En Asuán, los soberanos iraníes residen en el hotel Oberoi, que debe facilitar las importantes medidas de seguridad tomadas. El resto de la familia se encuentra ya en Estados Unidos.

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