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Imagen distribuida por el Palacio Real Saudí el 15 de abril de 2018 que muestra el rey Salman dando la bienvenida al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas (dcha), a la cumbre de la Liga árabe en Dharhan

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Los dirigentes árabes adoptaron en cumbre una postura firme contra la decisión de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y de trasladar su embajada a la Ciudad Santa, pero los analistas dudan que las palabras se traduzcan en actos.

La 29ª cumbre árabe, que el rey Salmán de Arabia Saudita bautizó como "cumbre de Jerusalén", tachó de "ilegítima" la decisión adoptada por Estados Unidos a finales de 2017.

"Jerusalén Este seguirá siendo la capital de la Palestina árabe", afirmaron los dirigentes. El rey saudita anunció por su parte la donación de 150 millones de dólares para "apoyar a la administración de los bienes islámicos" en la parte este (palestina) ocupada y anexionada por Israel.

En la práctica, los analistas consideran que ni Arabia Saudita ni otros países árabes parecen dispuestos a ir más allá de las declaraciones y a ponerse en contra a Washington en un contexto de fuerte tensión entre Riad e Irán.

El 6 de diciembre, el presidente estadounidense, Donald Trump, enfureció a los palestinos anunciando el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y el traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a la Ciudad Santa, rompiendo así con décadas de consenso internacional.

Los palestinos, que quieren convertir la parte oriental de Jerusalén en capital del Estado al que aspiran, congelaron los contactos con los responsables estadounidenses.

"En términos generales, las cumbres de la Liga Árabe tienen más retórica que acción. No creo que esto llegue más allá de declaraciones. Lo esencial para Arabia Saudita es la relación con Washington", afirma Denis Bauchard, experto en Oriente Medio de el Instituto francés de Relaciones Internacionales (Ifri).

De hecho, en la rueda de prensa al término de la cumbre de Dhahran (este), el ministro de Relaciones Exteriores saudita, Adel al Jubeir, atenuó las críticas afirmando que su país seguirá teniendo relaciones "fuertes y estratégicas" con Estados Unidos.

- Enemigo en común -

Al comienzo de abril, el poderoso príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán, de 32 años, estimó que los israelíes también tenían "derecho" a su propio Estado, en lo que se puede interpretar como una señal de acercamiento a Israel, con el que Riad comparte enemigo: Irán.

El gobierno de Trump prevé inaugurar en mayo la embajada estadounidense en Jerusalén para que coincida con el 70º aniversario de la creación de Israel (14 de mayo en el calendario occidental).

Ghasan al Jatib, profesor universitario y exministro palestino, estima que los dirigentes árabes "no son capaces (de enfrentarse directamente a Trump) y tampoco quieren arriesgar sus relaciones con Estados Unidos".

La experta palestina Nur Odeh está de acuerdo con él: "Teniendo en cuenta el alcance de los problemas en el mundo árabe, ningún gobierno afrontará a Trump".

Un responsable árabe, que pidió el anonimato, lo resume así: "Intentan mejorar todo lo posible la posición de los palestinos, pero no llegarán a la confrontación" con Estados Unidos.

- "Amenaza iraní" -

Según Karim Bitar, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris), los saudíes "están tan preocupados por la amenaza iraní que se dan cuenta de que podrían tener que coordinar los esfuerzos antiiraníes con Estados Unidos e Israel".

Arabia Saudita (sunita) e Irán (chiita) llevan años involucrados en conflictos en Siria, Yemen, Irak o Líbano en los que apoyan a partes enfrentadas.

Como cada año, la cumbre "rechazó las injerencias iraníes en los asuntos de los países árabes y denunció los intentos" de romper la seguridad regional.

Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos afirman que Irán aprovechó el acuerdo nuclear de 2015 para mover ficha en la región, explica Jalil Harb, redactor jefe del Diario, una página web especializada en los asuntos del Golfo.

Donald Trump considera que este acuerdo presenta lagunas y dio de plazo a las potencias europeas hasta el 12 de mayo para endurecerlo bajo la amenaza de retirarse de él.

"En un contexto político como este, Riad no quiere poner en apuros o enfadar a Estados Unidos", concluye Harb.

bur-mah-sy-ras/hj/gk/erl/es

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AFP