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Banderas de Brasil y otros países ondean en frente a los hoteles de la playa Barra de Tijuca en Rio de Janeiro, el 3 de agosto de 2017

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Rio de Janeiro prácticamente duplicó su capacidad hotelera con las inversiones realizadas para los Juegos Olímpicos de 2016, pero un año después de la fiesta las tasas de ocupación se han desplomado, obligando a varias cadenas a bajar drásticamente los precios.

La tasa de ocupación llegó a 76% el pasado agosto, con la 'cidade maravilhosa' convertida en la capital del deporte mundial, pero una vez superado el estado de gracia olímpico, los hoteleros se han desengañado, en una ciudad golpeada por la crisis de Brasil y una brutal escalada de violencia.

En junio pasado, el porcentaje de ocupación se desplomó hasta el 37%, frente al 60% de la misma época en 2015 y al 50% en junio de 2016.

En el primer semestre del año, la tasa media de ocupación hotelera solo fue del 51%, contra 61% en el mismo periodo del año pasado.

"Nuestra capacidad hotelera pasó de las 29.000 habitaciones en 2009 a 56.000 en 2016. Si no conseguimos atraer más turistas, es normal que la tasa de ocupación baje", señala Alfredo Lopes, presidente de la sección en Rio de la Asociación Brasileña de la Industria de Hoteles (ABIH-RJ).

- 'Inversiones comprometidas' -

"La situación es verdaderamente crítica", alerta Alexandre Sampaio, presidente de la Federación Brasileña de Hospedaje y Alimentación (FBHA).

"Los hoteleros cargaron con grandes inversiones para cumplir con las exigencias del COI [Comité Olímpico Internacional], con establecimientos más modernos y la llegada de nuevas cadenas internacionales, pero esas inversiones están comprometidas", asegura.

"Si no logramos una tasa de ocupación aceptable a corto plazo, muchos hoteles corren el riesgo de cerrar en el segundo semestre", advierte el dirigente.

La situación es todavía más crítica para los nuevos establecimientos construidos cerca del Parque Olímpico, una zona alejada de los barrios turísticos y sin interés para los visitantes.

Las instalaciones deportivas están en su mayoría abandonadas y la poca cantidad de eventos que se realizan allí por el momento no permite rentabilizar las inversiones.

"A día de hoy, casi nadie va ya a esos hoteles. La mayoría solo abren uno o dos pisos, con una tasa de ocupación del 12%", observa Alfredo Lopes.

"Ninguna gran cadena invierte millones pensando solo en los Juegos Olímpicos", subraya.

La crisis afecta también a los establecimientos situados en los barrios turísticos, como el Arena Ipanema, muy cerca de la célebre playa de la que tomó su nombre.

Con cuatro estrellas y 136 habitaciones, este hotel fue construido para los Juegos Olímpicos e inaugurado a pocos días de la ceremonia de apertura, pero ahora está lejos de cumplir los objetivos.

"Estamos atravesando una muy grave crisis de ocupación, no es en absoluto lo que nosotros esperábamos", lamenta su gerente, Douglas Viegas, en una recepción prácticamente desierta.

"Teníamos una meta de ocupación del 75%, pero ahora operamos en torno al 40%", añade al admitir que debió bajar sus tarifas alrededor de un 30% para tratar de atraer a los clientes.

Algunos locales tratan de innovar proponiendo a los habitantes de Rio tarifas preferencias para el "Day Use", oferta que da acceso a las instalaciones -piscina, spa, o gimnasio- durante la jornada, sin dormir en el hotel.

- 'Puerta de entrada a Brasil' -

Pese a que la economía brasileña empieza a dar señales de recuperación, la crisis no es el único mal que afecta al sector del turismo.

Un estudio de la Confederación Nacional del Comercio (CNC) publicado en julio atribuye a la violencia del 40% de las pérdidas acumuladas de enero a abril, unos 320 millones de reales (USD 102 millones al cambio actual).

"Rio corre el riesgo de no aprovechar la mejora futura de la economía porque la criminalidad no para de aumentar, sin perspectiva de solución a corto plazo", observa Fabio Bentes, economista autor de este estudio.

"La sensación de inseguridad es lo peor que puede pasarle al turismo. El turista acaba por elegir otro destino", estima.

El gobierno brasileño envió el viernes pasado a 8.500 soldados para restablecer la seguridad en esta ciudad de 6,5 millones de habitantes, teatro de guerras entre bandas de narcotraficantes y de violentas operaciones policiales en las favelas.

"Rio es la puerta de entrada del turismo a Brasil y esta situación acaba por afectar a todo el país", añade Alexandre Sampaio, quien acusa también a las autoridades locales de no haber hecho lo suficiente para promover en el extranjero la imagen de la ciudad tras los Juegos Olímpicos.

"Hemos dejado pasar el tren, había que capitalizar la imagen positiva de unos Juegos Olímpicos perfectamente organizados", concluye.

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AFP