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Unos partidarios del movimiento islamófobo Pegida protestan contra la canciller alemana, Angela Merkel, el 3 de octubre de 2016 en Dresde

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A los mozambiqueños que llegaron a la antigua RDA para trabajar y fueron víctimas del racismo tras la reunificación de Alemania, en 1990, la reciente ola de refugiados en el país les trae recuerdos de su propia historia.

"Cuando vemos la situación en la calle, hay un paralelismo con la década de 1990", cuenta Morgado Vasco Muxlhanga, de 56 años, en referencia a las manifestaciones del movimiento islamófobo Pegida, que desde 2014 se repiten todos los lunes en el centro de Dresde, una ciudad que perteneció a Alemania Oriental comunista.

Como otros 15.000 mozambiqueños, llegó a la RDA en 1980, a los 19 años, para recibir una formación en este "país hermano".

Tras su independencia en 1975, Mozambique estaba inmerso en una guerra civil entre el estado marxista, que luchó contra los portugueses, y milicias de blancos venidos de Rodesia y del régimen del apartheid que existía entonces en Sudáfrica.

"Huíamos de la guerra civil", recuerda Emiliano Chaimite, de 50 años, que ahora ve a los jóvenes sirios, iraquíes o afganos pasear por Dresde intentando pasar inadvertidos por temor a actos xenófobos.

"Después del gran trabajo de sensibilización que hubo hasta la llegada de Pegida, notamos que vamos hacia atrás", lamenta este enfermero, elegido en 2012 por el periódico berlinés Tageszeitung como "héroe" por su trabajo en asociaciones locales.

- '¡A Auschwitz !' -

La historia olvidada de los mozambiqueños, eclipsada por la de los turcos que llegaron a trabajar a la Alemania occidental, fue recuperada el año pasado en una novela gráfica de Birgit Weyhe.

El cómic, llamado 'Madgermanes', toma el nombre que usaban los propios mozambiqueños para designar a los emigrados, una variante de 'Made in Germany'.

A su llegada, Morgado Vasco Muxlhanga trabajó en un matadero. A Emiliano Chaimite le tocó trabajar en una fundicion.

Ambos descubrieron el ritmo de las fábricas, las noches en un dormitorio colectivo, pero también sus primeras salidas, la amistad y el amor. Ambos se casaron con alemanas.

Pero toda cambió con la Reunificación de 1990. A diferencia de los "trabajadores invitados" de la Alemania occidental, los 'Vertragsarbeiter' orientales (trabajadores con contrato) perdieron su empleo y la vivienda asignada por el Estado.

Comenzó entonces a emerger el racismo que había sido contenido por el internacionalismo y la solidaridad obrera que defendía la RDA.

"Los jóvenes con quienes jugábamos al fútbol comenzaron a decirnos: ¡Fuera los extranjeros! ¡A Auschwitz!', y los colegas comenzaron a cambiarse de acera", recuerda Chaimite.

El punto de inflexión fue el 6 de abril de 1991, cuando Jorge Gomondai, de 28 años, un colega y vecino de Morgado Vasco Muxlhanga, murió tras ser arrojado a las vías de un tren urbano en el centro de Dresde. Había sido atacado por 14 'skinheads' de extrema derecha.

Su muerte, considerada el primer crimen racista posterior a la Reunificación, terminó en un fiasco judicial debido a la falta de rigor de la investigación.

- 'Racismo estructural' -

"Era horrible. Nos juntamos en grupos pequeños en Berlín preguntándonos si de verdad queríamos quedarnos aquí", recuerda Augusto Vinheque, que acababa de llegar a la capital alemana.

En 2001, este exobrero metalúrgico fue víctima de una agresión.

De estos años oscuros quedaron los recuerdos del racismo cotidiano. Los ruidos imitando los gritos de los simios, los insultos, el miedo al caminar por la calle, el temor por sus hijos.

Aconsejado por un pastor, Emiliano Chaimite terminó estudiando enfermería y se puso a trabajar en un hospital. En 2003, fundó un asociación africano-europea.

Por su parte, Morgado Vasco Muxlhanga es informático, trabaja en el Ayuntamiento de Dresde y escribió un libro, 'Mi vida en tres países'.

"Hay que hacer lo que sea necesario para que la situación mejore", señala Muxlhanga.

En un informe publicado en febrero, la ONU denuncia que en Alemania los negros sufren un "racismo estructural", que les afecta "en la escuela, en el trabajo y en el espacio público".

Emiliano Chaimite, que intentó en vano dialogar con Pegida, denuncia también la postura de los conservadores que dicen que Alemania "no es un país de inmigración", una posición que la llegada de más de un millón de demandantes de asilo en 2015 y 2016 ha puesto en entredicho.

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