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Unos miembros de la oposición siria, durante la reunión en Riad del 10 de diciembre de 2015

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Al aceptar negociar con Bashar Al Asad, bajo la presión de sus aliados internacionales, los principales grupos de la oposición siria se han resignado a una solución política, a falta de poder ganar por las armas, estiman varios expertos.

Tras dos días de conversaciones en Riad, unos cien representantes de la oposición política y armada dieron su acuerdo el jueves a unas negociaciones con el régimen sirio, aunque ponen como condición la partida del presidente al comienzo de un eventual período de transición. Esta exigencia es fundamental para los rebeldes, que desde 2011 tratan de tumbar al régimen por la vía de la lucha armada.

"Las facciones (armadas) en particular y las fuerzas de la oposición en general han hecho concesiones (...) El interés general del país ha primado sobre el de tal o cual facción", declara a la AFP Mohamad Bayraqdar, miembro de la oficina política del potente grupo armado islamista Jaish Al Islam.

Mientras que Irán y Rusia apoyan a Asad a nivel político y militar, las grandes potencias occidentales piden su partida.

Sin embargo, ante las atrocidades del grupo yihadista Estado Islámico, que controla aproximadamente la mitad de Siria, unos y otros han preferido últimamente dejar a un lado estas diferencias y actuar para tratar de encontrar una salida política.

Según Bayraqdar, la presión internacional no ha dejado otra opción a la oposición.

"En tanto que facción no se puede desafiar la voluntad de la comunidad internacional (...) Está claro que hoy en día existe la voluntad de una solución política" y que el derrocamiento militar del régimen "no está sobre la mesa", explica.

Munzer Makhos, miembro de la Coalición Nacional Siria, principal componente de la oposición en el exilio, confirmó que los opositores reunidos en Riad suavizaron sus posiciones iniciales. "Aceptaron negociar y adoptar posiciones políticas flexibles", manifestó.

En Riad, los opositores reclamaron que "Bashar y su camarilla se retiren del poder al inicio del período de transición" política.

Aunque, matiza Bayraqdar, "los opositores dijeron en Riad que si el régimen no responde positivamente al principio de base de las negociaciones (la partida de Asad), los países (que apoyan a la oposición) deben entonces enviarles armas" para combatir al Gobierno.

Por el momento, el régimen de Damasco no ha reaccionado al acuerdo alcanzado en la capital saudí.

Por su parte, los actores internacionales se han fijado un ambicioso calendario, que prevé un encuentro a partir del 1 de enero entre la oposición del régimen, previo a un alto el fuego, la formación de un Gobierno transitorio en seis meses y la celebración de elecciones en un plazo de año y medio.

En cualquier caso, nada garantiza el éxito ni la celebración de esas negociaciones. En la memoria sigue fresco el recuerdo de las conversaciones de enero y febrero de 2014 en Suiza, las únicas hasta ahora entre la oposición y el régimen, que se saldaron con un fracaso.

- "Todo puede irse al garete" -

Prueba de la fragilidad del acuerdo es que uno de los principales grupos armados, Ahrar Al Sham, anunció su retirada de la reunión de Riad, aunque varias fuentes sostienen que luego firmó el comunicado final.

Además, varios grupos opositores, entre ellos kurdos, no fueron invitados a las conversaciones de Riad y mantuvieron negociaciones paralelas en Damasco y en el noreste de Siria.

Para Karim Bitar, director de investigaciones en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), los cambios de posición de Ahrar Al Sham "son la primera señal de que todo puede irse al garete". Al final, añade, fue "la fuerte presión saudí la que favoreció" la conclusión de un acuerdo.

El conflicto sirio, iniciado en marzo de 2011 con unas manifestaciones pacíficas reprimidas violentamente por el régimen, ha degenerado en una guerra compleja e internacionalizada, en un territorio cada vez más fragmentado.

AFP