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La inmigrante nigeriana Stephanie sostiene a la pequeña Francesca Marina el pasado 1 de octubre en la ciudad italiana de Catania, en la isla de Sicilia

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La llamada 'princesa de los migrantes', una bebé nigeriana nacida en mayo a bordo de un barco de la Marina italiana, se ha convertido en un símbolo de esperanza para quienes cruzan el mar Mediterráneo en busca de una vida mejor en Europa.

Mientras la prensa internacional se emocionaba con el nacimiento en Londres de la princesa Carlota, la foto de otra recién nacida se coló en las primeras páginas de los periódicos.

En ella se podía ver a la pequeña Francesca Marina envuelta en una gasa rosa, durmiendo con un puño cerrado junto a su carita. Su madre, Stephanie, una peluquera de 25 años, había huido de Nigeria dos años antes. Tras enamorarse de un compatriota en Libia, permaneció un tiempo en ese país.

Pero, cuando la relación se rompió, la joven se embarcó sola rumbo a Italia. "Estaba embarazada de nueve meses. Tenía que tomar el barco, no tenía elección. No podía dar a luz en Libia", explicó a la AFP.

En la lancha neumática, sintió las primeras contracciones. "Fue muy difícil. Había mucha gente, íbamos muy apretados y los dolores eran muy fuertes", recuerda.

Después de navegar a la deriva durante ocho horas, los migrantes fueron socorridos durante la noche por la patrullera Bettica, donde nació la pequeña Francesca Marina. El nombre es un homenaje al papa Francisco y a sus socorristas.

Stephanie no recuerda gran cosa de aquel día. Perdió el conocimiento rápidamente y ya no lo recuperó hasta que estaba en el hospital, adonde fue trasladada en helicóptero.

La Administración italiana tampoco se dio cuenta de nada. El comandante de la Bettica anotó el nacimiento en el registro del barco, pero ni la capitanía del puerto de amarre ni los servicios médicos pensaron en inscribirla en el registro civil, lo que desencadenó una larga odisea burocrática.

Cuando la madre y su pequeña llegaron al centro de acogida donde residen actualmente en Sicilia, su expediente estaba casi vacío, explicó su director, Antonio La Monica.

Se necesitaron varios meses de llamadas telefónicas y algunos artículos en la prensa para desbloquear la situación, pero finalmente Francesca recibió su número de identificación fiscal, sin el cual se cierran todas las puertas en Italia.

Oficialmente, el Bettica es territorio italiano, pero, como en Italia no hay derecho de suelo, la pequeña sigue siendo por el momento nigeriana, como su madre.

- 'Grandes corazones' -

"Esta princesa de los migrantes es un símbolo para todos, y un nacimiento durante un viaje es especial", dijo La Monica. "La historia de Francesca es una historia típicamente italiana, una historia de grandes corazones, donde la acogida superó todas las expectativas. Pero en cada etapa del camino faltó algo".

"Somos muy buenos para recibir, pero tenemos que ser mejores para integrar", explicó el responsable del centro, que acoge a una quincena de mujeres, casi todas nigerianas, que matan el tiempo jugando con sus teléfonos móviles, conversando o peinándose unas a otras mientras esperan que se tramiten sus solicitudes de asilo.

Francesca pasa de unos brazos a otros, con la mirada sorprendida y la sonrisa fácil. "Es tan mona... Pero es difícil. Hay tantas primeras veces a la vez. La primera vez que tengo un hijo, la primera vez que estoy en Italia... Sin embargo, creo que puedo lograrlo", asegura su madre.

Ante la Asamblea General de la ONU, la semana pasada, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, citó a Francesca, a Diabam, a Salvatore y a Idriss Ibrahim, todos ellos nacidos en los últimos años en barcos de salvamento italianos.

Renzi dijo que deseaba que estos nombres estuvieran "asociados" a los de los niños desaparecidos en el mar, para recordar al mundo "la magnitud del desafío" que suponen los migrantes.

En lo que va de año, unas 3.000 personas han perdido la vida o han desaparecido tratando de cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa, según cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Lo consiguieron más de 520.000, de los que alrededor de un 18% son niños.

AFP