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Unos manifestantes se enfrentan a las tropas del Pacto de Varsovia y a los tanques que invadieron Checoslovaquia para aplastar la Primavera de Praga y restablecer el totalitarismo en agosto de 1968

(afp_tickers)

Escritores, como Milan Kundera, y un extraño escándalo contribuyeron a desencadenar un breve periodo de libertad en 1968 en la Checoslovaquia comunista, antes de que la aplastaran los tanques del Pacto de Varsovia, contaron a la AFP unos testigos de la época.

La que más tarde se apodaría Primavera de Praga, este periodo de "socialismo con rostro humano" introducido por Alexander Dubcek, se originó en un congreso de escritores checoslovaco de 1967, según la socióloga Jirina Siklova.

Hombres de letras, como Kundera y el futuro presidente checo, Vaclav Havel, instaron al Partido Comunista (PC) a garantizar la libertad de expresión, abriendo camino hacia la libertad.

"El PC empezó a dividirse y estaba claro que algo iba a moverse", afirma Siklova, que en aquel momento estaba afiliada al partido. "La esperanza era inmensa", añade.

Petr Pithart, que también era comunista en aquel tiempo, y luego presidente del Senado checo (1996-1998 y 2000-2004), recuerda las tensiones entre checos y eslovacos, otro factor que, según él, debilitó el sistema.

"Los eslovacos querían ser tratados como iguales ante los checos y entendieron que un choque frontal era su única opción", sostiene.

El 5 de enero de 1968, Alexander Dubcek, un eslovaco, se pone al frente del país como primer secretario del PC.

Criticado por su política, el presidente Antonín Novotny, jefe del Estado desde 1957 y del PC desde 1953, tuvo que dejar su puesto, pues el Comité Central prohibió que una sola persona ocupara ambos cargos.

Esta cadena de acontecimientos creó un ambiente que "aceleró mucho las cosas", explica Pithart.

- La caída de Novotny -

Novotny abandonó un puesto clave en la cúspide del PC, la policía empezó a investigar un tráfico de semillas de tréboles procedentes de los almacenes del ejército. Uno de los principales sospechosos es un protegido del presidente, el general Jan Sejna, que lo había organizado para financiar su vida de grandes lujos y amantes.

Para evitar la cárcel, Sejna se fue a Italia y, de ahí, a Estados Unidos, donde obtuvo asilo político (y proporcionó preciadas informaciones de inteligencia militar).

"Fue un gran escándalo y en dos o tres días, todas las barreras cayeron, los medios empezaron a hablar de todo", recuerda Pithart.

Sejna también fue acusado de haber planteado, junto con otros oficiales conservadores, como el general coronel Vladimir Janko (que se suicidó el 14 de marzo de 1968), organizar un golpe militar para mantener a Novotny en el poder.

Su huida precipitó la caída del presidente, que dimitió el 22 de marzo de 1968.

"De repente, la gente descubrió la solidaridad, podríamos incluso decir que estaban dispuestos a sacrificar algo. Reinó una euforia fantástica", dice Pithart.

Se publicaron libros prohibidos, como "Un día en la vida de Iván Deníovich", de Alexander Solzhenitsyn, se representaron obras de teatro de Havel e Ionesco y se entreabrieron las fronteras.

Se proyectaron películas hasta entonces prohibidas, la gente escuchaba música moderna y se produjeron debates en un tono muy libre.

- Estriptis -

Incluso se empezaron a ver fotos de mujeres desnudas en las revistas y números de estriptis.

Pero la invasión del Pacto de Varsovia puso fin a todo eso rápidamente. El 21 de agosto, las fuerzas soviéticas, búlgaras, estelamenas, húngaras y polacas invadieron Checoslovaquia para restablecer la ortodoxia comunista y forzar a los nuevos dirigentes a dar marcha atrás.

Siklova dejó el PC en 1969 y, luego, la universidad, para hacerse barrendero.

Pasó un año en prisión, en 1981, cuatro años después de que la oposición publicara un manifiesto anticomunista llamado Carta 77. Siklova y Pithart lo habían firmado.

Pithart devolvió su carné del PC en 1969 "para protestar contra Dubcek, contra la forma en la que negoció tras la ocupación".

El estudiante de Derecho que cursó parte de su formación en Oxford acabó, de repente, sondeando aguas subterráneas y viviendo en una caravana.

Pero, en la actualidad, cuando rememoran 1968, Siklova y Pithart aseguran que la Primavera de Praga fue un gran éxito, pues dio un fuerte golpe a la URSS y a su prestigio en el mundo.

"El socialismo con rostro humano se quedó en los espíritus como una alternativa, como una posibilidad. No estamos obligados a tener un socialismo de tipo soviético, con sus pesadeces", afirma Siklova.

Para Pithart, el comunismo no fue más que un disfraz de "la idea imperial rusa", que adoptó una forma distinta.

"El comunismo es pasado. Pero debemos temerle a Rusia de nuevo, no porque sea comunista, sino porque millones de rusos están dispuestos a morir por esta idea imperial y no hay ninguna otra nación en el mundo que sea capaz de eso", resume.

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AFP