Hace veinte años, Turquía capturó a su enemigo público número 1, Abdulá Öcalan, asestando un duro golpe a la rebelión kurda, aunque la influencia de su jefe histórico sigue intacta.

Al término de una larga huida, Öcalan, jefe del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), fue localizado en Kenia y capturado por los servicios secretos turcos el 15 de febrero de 1999 frente a la embajada de Grecia en Nairobi, desde donde fue trasladado a Turquía y encarcelado en la isla-prisión de Imrali, no muy lejos de Estambul.

Fue rápidamente juzgado y condenado a muerte el mismo año, pero se le conmutó la pena a cadena perpetua cuando Turquía abolió la pena capital en 2002.

Pese a su aislamiento casi total, Öcalan sigue siendo una figura destacada, no solo para la rebelión kurda en Turquía -cuyo conflicto con el Estado ha dejado más de 40.000 muertos desde 1984-, sino también para los movimientos kurdos de otras áreas, como en Siria.

"El arresto de Öcalan supuso un duro golpe a la organización en un primer momento, porque él controlaba todos los aspectos y las actividades del PKK y, de repente, ya no estaba ahí", explica Aliza Marcus, autora de "Blood and Belief", una historia del PKK.

"Y su decisión de suspender la guerra y de renunciar a un Kurdistán independiente -como anunció durante su proceso- añadió más confusión", agrega.

Pero el PKK supo adaptarse, "en parte porque Öcalan era capaz de comunicarse desde prisión, a través de entrevistas y de reuniones con sus abogados", señala Marcus.

- Aislamiento total -

En 2013, por ejemplo, Abdulá Öcalan hizo un llamado, a través de los diputados del Partido Demócrata de los Pueblos (HDP, prokurdo), a sus tropas para que instauraran un nuevo alto el fuego y permitir así las conversaciones que estaba llevando a cabo con el gobierno de cara a una solución pacífica.

Este proceso de paz, frágil, se hundió en 2015. Y tras un golpe de Estado fallido en julio de 2016, el gobierno turco, escudándose en una lucha reforzada contra el "terrorismo", decidió prohibir "todas las visitas a Imrali, tanto a los abogados como a la familia", explica un abogado de Öcalan, Ibrahim Bilmez.

La decisión oficializaba una prohibición dirigida a sus abogados desde 2011 y a las delegaciones políticas desde 2015, así como el fracaso del proceso de paz.

Su hermano, Mehmet, pudo visitarle a mediados de enero por primera vez desde 2016 gracias a un gesto de las autoridades, que enfrentan una huelga de hambre de más de 300 prisioneros, según el HDP, en señal de protesta por el aislamiento impuesto a Öcalan.

"No tenemos ninguna información, solo lo que nos dice Mehmet", explica Bilmez. "Cuando estuvo allí, Öcalan le dijo 'que la gente sepa tan solo que estoy bien'".

- "Vínculo psicológico" -

"Para mí, existe un vínculo psicológico entre Öcalan y el pueblo kurdo, se dan fuerza mutuamente", afirma el abogado, que defiende a Öcalan desde principios de los 2000. "Como es consciente de esto, aguanta el aislamiento y mantiene alta la moral".

Hamit Bozarslan, director de estudios de la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales (EHESS) francesa, considera que el PKK goza actualmente de más apoyo popular que cuando Öcalan fue arrestado.

"Cuando vemos la evolución, tenemos la impresión de que, paradójicamente, el arresto sirvió al PKK y a la causa kurda", afirma.

Desde que se reanudara el conflicto en el sureste de Turquía, el discurso del presidente Recep Tayyip Erdogan sobre los rebeldes kurdos se ha endurecido claramente, lo que ha disipado cualquier perspectiva de una solución al conflicto negociada políticamente.

Pero, según Bozarslan, si la situación cambia y Erdogan decide reanudar el diálogo, "no tendrá otro interlocutor" que Öcalan.

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