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Dos empleados trabajan el 2 de diciembre de 2016 en una fábrica en Moscú de la multinacional francesa de automóviles Renault

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La recuperación de la economía rusa que comenzó a finales de 2016 se aceleró a principios de este año, con lo que el presidente, Vladimir Putin, pudo cerrar el capítulo de dos años de crisis, diez meses antes de las elecciones presidenciales.

El PIB de Rusia aumentó un 0,5% anual en el primer trimestre, según una primera estimación publicada este miércoles por el instituto de estadísticas Rosstat, ligeramente superior a la previsión del Gobierno (+0,4%).

En el cuarto trimestre de 2016, Rusia registró su primera subida del PIB interanual desde el cuarto trimestre de 2014 (+0,3%).

La cifra confirma la tendencia hacia la recuperación, tras una crisis que ha afectado enormemente al nivel de vida de la población y que ha dejado a casi 20 millones de rusos por debajo del umbral de la pobreza.

El PIB retrocedió un 2,8% en 2015 y un 0,2% en 2016 a causa del desplome de los precios de los hidrocarburos, de los que la economía rusa es fuertemente dependiente, y de las sanciones occidentales al país a causa de la crisis ucraniana.

Este doble golpe provocó que los precios se dispararan y que el poder adquisitivo y el consumo de los hogares se hundiera, aunque este último sigue a la baja a pesar de los indicios de recuperación.

La cifra de crecimiento de este miércoles "es un poco más alta de lo previsto y es todavía más esperanzadora si se tiene en cuenta que el efecto del calendario (laboral) ha impactado en los resultados del primer trimestre", con menos días trabajados que el año pasado, comentó Neil Shearing, del gabinete Capital Economics.

"El panorama general es el de una recuperación lenta pero progresiva. En nuestra opinión, el crecimiento va a continuar acelerándose durante los meses y trimestres próximos. La disminución de la inflación y la flexibilización de la política monetaria reforzarán la demanda", agregó.

- El FMI, menos optimista -

Después de que en 2015 se dispararan espectacularmente, el alza de los precios se moderó claramente, lo que redujo la presión sobre el poder adquisitivo de los rusos. En la actualidad se encuentra por debajo del 4% anual, un nivel históricamente bajo para la Rusia postsoviética, acorde con el objetivo del Banco Central.

Este último comenzó a bajar los tipos, una medida muy esperada entre los círculos de empresarios, para abrir el grifo del crédito y apoyar la actividad económica.

El Gobierno espera una aceleración progresiva de la recuperación a lo largo del año y un crecimiento del 2% para 2017. El Fondo Monetario Internacional (FMI), menos optimista, prevé una subida del 1,4%.

A largo plazo, el FMI y el Gobierno apuntan que el potencial de crecimiento de Rusia, en torno al 1,5%, seguirá siendo mucho menor al registrado a principios de los años 2000 si no se toman medidas.

Vladimir Putin solicitó a sus ministros que preparen medidas para que el crecimiento de Rusia sea superior al de la media mundial (+3,5% esperado en 2017). Pero, en conjunto, no se esperan medidas importantes antes de las presidenciales de marzo de 2018, a las que el jefe de Estado, salvo sorpresa, se presentará.

A principios de junio Putin debe comparecer ante los principales representantes de los medios empresariales, que se reunirán, como cada año, en el Foro Económico de San Petersburgo, que podría aprovechar para dar alguna pista sobre su probable próximo mandato.

En su último informe sobre la economía mundial, el FMI recomendó "diversificar la economía, acelerar las reformas institucionales y mejorar el clima de negocios" para reforzar el crecimiento, así como reformas en el régimen de jubilaciones o las exenciones fiscales a nivel presupuestario.

A corto plazo, la economía rusa se beneficia del repunte de los precios del petróleo registrado desde que los principales países productores acordaran limitar la oferta mundial a finales de 2016. Rusia y Arabia Saudí indicaron su disposición para prolongar el acuerdo hasta marzo de 2018, lo que tendrá que ser debatido.

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