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Partidarios del presidente turco Recep Tayyip Erdogan durante una manifestación en Estambul el 21 de julio de 2016

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El presidente Recep Tayyip Erdogan tiene con los turcos una relación muy especial, mucho más intensa que sus predecesores, y que fue clave para mantenerse en el poder tras el intento de golpe.

Erdogan se apoyó directamente en el pueblo contra los golpistas, movilizando en las distintas ciudades a mareas humanas, y también recurrió a las redes sociales, que hasta hace poco siempre había detestado.

"Erdogan sabía que el pueblo se movilizaría si se lo pedía, debido al fuerte vínculo que ha creado hace varios años", estimó Can Acun, de la ONG Seta.

El momento aparentemente improvisado en el que apareció pálido tarde en la noche del 15 de julio en la cadena CNN Turk, va a permanecer como una de las imágenes más recordadas de ese día.

La secuencia surrealista en la cual el presidente pide al pueblo desde el balneario de Marmaris, al oeste del país, que "salga a las calles" para defender la democracia, fue un momento clave del intento de golpe.

El presidente se dirigió directamente a los turcos por FaceTime, a través del teléfono portátil de la periodista estrella de CNN Turk, Hande Firat, que lo mostraba ante las cámaras, una imagen que tuvo un gran efecto en la población.

"La mayoría de la gente quedó conmocionada de ver al presidente impactado", explicó Marc Pierini de la fundación Carnegie Europe.

El jefe de Estado estaba "aislado, lejos de los centros de poder" y ese llamado por FaceTime "fue un golpe magistral", indicó Pierini, exembajador de la UE en Ankara.

"Esto se tradujo en una reacción directa" en las calles, "esto dio la vuelta al golpe", explicó.

Can Acun destacó que Erdogan acudió a las redes sociales convocando a "millones de personas que hasta entonces podían estar más dubitativas".

En contraste, los conspiradores intentaron tomar el control de las televisiones "con un manual de los años 60", señala con ironía Pierini.

El día después, desde su cuenta de Twitter, el presidente llamó a los turcos a salir a las calles, un mensaje que fue compartido por cerca de 30.000 personas.

Incluso el jueves, millones de teléfonos móviles turcos recibieron un SMS de "RTErdogan", en el que se instaba a sus simpatizantes a seguir saliendo a las calles para continuar movilizados contra los "traidores terroristas".

Sin embargo, la noche anterior en una teleconferencia, el presidente había anunciado a los ciudadanos la instauración del estado de emergencia.

- Una 'legitimidad adicional' -

"El presidente turco que siempre ha sido muy desconfiado con las redes sociales y las nuevas tecnologías, se dio cuenta de que estas herramientas tienen más potencial que si fueran simples formas de propaganda", dijo Aykan Erdemir, de la Fundación para la Defensa de la Democracia, con sede en Washington.

De esta forma Erdogan, el político que más ha dominado el panorama en Turquía desde el padre fundador de la república, Mustafa Kemal Ataturk, se está convirtiendo en una máquina para comunicarse con su pueblo, forjando con él una relación emocional.

La concentración actual de poderes en el país es una situación inédita en la Turquía moderna y muchos se inquietan de la deriva autocrática y liberticida. Mientras, Erdogan disfruta del apoyo de las mayorías profundamente conservadoras, muy apegadas al Estado. Y también a su persona.

Así, muchos han sido seducidos por este "animal político", carismático, incansable y populista, que sin lugar a duda ha logrado desarrollar a su país.

Erdogan puede blandir el 52% de votos que obtuvo en la presidencial de 2014. Esta "innovación política mayor" en el país, le permite presentarse como "el primer presidente electo directamente por el pueblo, con una legitimidad adicional", destacó Pierini.

Y "un jefe de estado" fuerte en un periodo de crisis "es característico de la fortaleza del Estado en Turquía y del carisma de Erdogan", explicó Pierini

Pero la inmensa personalización del poder y el llamado directo del pueblo conllevan riesgos para la democracia.

"Esto va a dar a Erdogan la capacidad de encender a las masas para tomar las medidas que él quiere", advierte Erdemir, quien afirma que esto se puede transformar en una "maquina infernal".

"Él no va a tener la misma capacidad de controlar el movimiento una vez que lo haya lanzado", señaló. "Entonces, lo que ahora tiene entre las manos es por un lado muy potente y a la vez peligroso".

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AFP