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El presidente de la República Centroafricana Faustin Archange Touadéra en un discurso ante la Asamblea General de la ONU, el 22 de septiembre de 2017

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El presidente de República Centroafricana urgió el viernes a la ONU enviar más cascos azules a su país devastado por la guerra y aliviar el embargo de armas para poder equipar a sus debilitadas fuerzas armadas.

En un discurso ante la Asamblea General, el presidente Faustin Archange Touadéra dijo que la reciente alza de la violencia está ligada a una batalla por el control de los recursos naturales del país, rechazando implícitamente la visión de que los choques son sectarios.

"La situación humanitaria se ha deteriorado seriamente en muchas áreas de mi país tras un aumento de la violencia", dijo Touadéra en su segundo discurso ante una asamblea general, tras su elección el año pasado.

La razón "real" detrás del resurgimiento de la violencia es "el saqueo y la feroz competencia por el control y la explotación ilegal de la riqueza mineral de la República Centroafricana", dijo.

Más de 600.000 personas han huido de la violencia dentro del país y otras 500.000 han cruzado fronteras como refugiados, mientras 2,4 millones de personas necesitan ayuda alimenticia de emergencia, alertó.

La ONU ha advertido que el resurgimiento de la violencia es una "señal de alerta temprana de genocidio" y está considerando incrementar la Minusca, su misión de mantenimiento de la paz en el país, que cuenta con 12.000 miembros.

Toudéra describió la cifra como "insuficiente" para proteger a los civiles y dijo que el número de cascos azules debe ser "revisado al alza", dado el tamaño del país.

Pidió asimismo aliviar el embargo de armas impuesto por el Consejo de Seguridad en 2013 para permitir al gobierno comprar equipamiento militar para sus fuerzas armadas.

La República Centroafricana, de 4,5 millones de habitantes, uno de los países más pobres del mundo, entró en guerra en 2013 luego del derrocamiento del líder de larga data François Bozize por parte de una coalición de grupos rebeldes de mayoría musulmana, llamado Seleka.

Francia intervino en 2013 para frenar las matanzas masivas, pero el año pasado cerró su operación militar en el país, conocida como Sangaris.

Los cristianos, que representan el 80% de la población, han organizado grupos de justicieros conocidos como "anti balaka", una referencia a los machetes usados por los rebeldes musulmanes.

Aunque el gobierno de Touadéra permanece en control en Bangui, su autoridad es débil fuera de la capital, donde exgrupos Seleka y justicieros antiBalaka se han enfrentado.

Al menos 17 soldados de la Minusca han sido asesinados este año, despertando la alarma de que el país se está hundiendo otra vez en un baño de sangre como el que explotó en 2013.

La República Centroafricana es rica en diamantes, oro y madera.

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AFP