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Los cascos azules de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) recorren las calles en tanques durante una protesta de la oposición, el 5 de febrero de 2016 en Puerto Príncipe

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El retiro en un plazo de seis meses de los cascos azules de Haití muestra los progresos realizados por este país en cuanto a estabilidad política, pero plantea un importante desafío en materia de seguridad

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó este jueves la salida en octubre de los contingentes militares de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah), como había propuesto el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ante la voluntad de Estados Unidos de reducir su contribución presupuestaria con el organismo.

La Minustah fue desplegada en 2004 tras la salida del presidente Jean-Bertrand Aristide, para contener el aumento de la violencia en la capital.

Al haberse creado en un clima de tensión política, la Minustah siempre fue percibida como un ejército de ocupación por los numerosos partidarios del expresidente.

El enojo con las fuerzas internacionales se acentuó cuando surgieron las revelaciones de abusos sexuales por el personal de la misión en Haití. La reputación de la Minustah empeoró aún más en octubre de 2010, cuando cascos azules nepalíes introdujeron una epidemia de cólera en el país, provocando la muerte de más de 9.000 haitianos.

- Policías insuficientes -

Los haitianos son indiferentes, por no decir que están contentos, con el fin de la Minustah, incluso aunque la población exprese su temor de que renazca la inseguridad en la capital.

"Hoy puedo decir a todo el mundo 'Que no cunda el pánico'", afirmó a la AFP Michel Ange Gédéon, director general de la Policía Nacional de Haití (PNH), única fuerza del orden que tendrá que garantizar la seguridad del país cuando los cascos azules se vayan.

"La PNH aprendió la lección tras la triste experiencia de anteriores misiones de la ONU en el país donde, unos años más tarde, Naciones Unidas se vio obligada a regresar. Hoy se trata de una transferencia de competencias para evitar precisamente un eventual aumento de la inseguridad", señaló Gédéon.

Creada en 1995, tras la desmovilización del ejército, la PNH apenas cuenta en la actualidad con unos 13.000 agentes, una cifra insuficiente para garantizar la seguridad de cerca de 11 millones de habitantes.

"Todos estamos de acuerdo en el hecho de que es impensable que Haití tenga algún control de sus líneas fronterizas", destaca el director de la institución, quien no esconde su frustración por no tener los medios para enfrentar el contrabando de armas y el tráfico de la droga.

El primer desafío de las fuerzas haitianas sigue siendo la profesionalización

"Debemos tener una inspección general muy fuerte, capaz de abordar tanto las cuestiones de violaciones de los derechos humanos como el uso excesivo de la fuerza por los agentes o las cuestiones de corrupción en el seno de los efectivos", reclama Gédéon.

- Mafia y pobreza -

Ante la anunciada salida de la Minustah, las organizaciones civiles temen que vuelva la politización de la policía nacional.

"Escuchamos muchos rumores sobre la gente del sector mafioso que hay en el entorno del poder y presionan al Ejecutivo para crear desorden en la policía", dice con preocupación Pierre Espérance, director de la principal organización de defensa de los derechos humanos en Haití.

A inicios de esta semana se sustituyó a muchos comisarios y responsables de la PNH, tras los lanzamientos de piedras contra el comitiva presidencial del fin de semana anterior, hechos que niegan algunas personas. El gobierno de Jovenel Moise, en el poder desde hace dos meses, lo calificó de "acto terrorista".

"Es demasiado pronto para proceder a estos cambios. En mi opinión, es un pretexto, porque aún no disponemos del resultado de la investigación", lamentó Espérance.

La dirección de la policía quiere conservar su neutralidad, pero pide a las autoridades que respondan a las necesidades de la base de la población para reducir la criminalidad, causada principalmente por la pobreza, según datos policiales.

"La inflación, la depreciación de la moneda... por desgracia son factores que tienen una gran influencia en esta inseguridad", lamenta Gédéon.

Cerca del 60% de la población sobrevive con menos de dos dólares diarios, y el devastador paso del huracán Matthew, en octubre, que causó daños por un valor de más de 2.000 millones de dólares, mató cualquier esperanza de una recuperación económica por la agricultura.

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