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Migrantes junto al campamento de Grande-Synthe, localidad del noroeste francés, el 18 de julio de 2017

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Escondido en un bosque de Grande-Synthe, en el norte de Francia, Akran espera con paciencia el momento adecuado para pasar al Reino Unido. Mientras tanto, al igual que otros cientos de migrantes, sobrevive en condiciones precarias cerca de un campamento destruido por un incendio.

Este sonriente iraní de 18 años no teme la llegada próxima de policías que prometieron "limpiar" esta "minijungla", cuenta en un francés casi impecable. Los policías son "correctos" con ellos, afirma.

La "Jungla" era el nombre con el que se conocía a un asentamiento informal de migrantes frente a las costas inglesas, en la ciudad portuaria de Calais, que fue desmantelado por las autoridades francesas en octubre de 2016 para evitar que se formara un "punto de concentración".

Pese a esto, cientos de migrantes siguen afluyendo a esta región, con la mirada puesta en Reino Unido.

Al igual que Akran, muchos de ellos acampan en el bosque de Puythouck, a unos cientos de metros del antiguo campamento de Grande-Synthe, devastado en un incendio a inicios de abril.

Para evitar que se vuelva a formar un campamento permanente, la policía ha llegado en dos ocasiones para llevarse las carpas y las ollas con las que cocinan precariamente. Pero lo hacen sin violencia, a diferencia de lo que ocurría en Calais, donde las relaciones entre migrantes y policías eran muy tensas.

"Se llevan las cosas pero sin utilizar gases lacrimógenos, ni dar patadas, como en Calais", indica Claire Millot, de la asociación Salam.

Un comportamiento que para las asociaciones se debe a la "buena voluntad" del alcalde de la localidad, el ecologista Damien Carême, quien ha trabajado durante mucho tiempo a favor de los refugiados.

A inicios de 2016, este edil había abierto en Grande-Synthe, con la ayuda de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF), un campamento de migrantes que cumplía con las normas internacionales. Allí fueron transferidos varios cientos de migrantes que vivían hasta entonces en condiciones atroces.

Pero después de que un incendio voraz destruyera el campamento, unos 300 personas, principalmente kurdos, se quedaron sin techo. Una situación que Carême "ya no soporta".

- Determinados a ir a Reino Unido -

El alcalde intentó llamar la atención del presidente francés, Emmanuel Macron, en Twitter con fotos de niños viviendo en medio de la basura, durmiendo en el suelo.

"Acosándolos como a animales los convertimos inevitablemente en bestias humanas", escribió Carême en una carta abierta al jefe del Estado, sin respuesta.

"Por el momento no tenemos la misma afluencia que en 2015, pero no sabemos qué pasará dentro de unos meses. Si debemos reconstruir un campamento lo haremos en donde estaba el anterior, pero en base a nuestra experiencia será un campamento de tránsito", explican miembros de su equipo.

Si no recibe una respuesta del presidente, la municipalidad dice estar lista para hacer el trabajo sola. Afirma tener el dinero necesario pero estima que esta responsabilidad le corresponde al gobierno.

Sin embargo, éste rechaza categóricamente la creación de un "punto de concentración" en el litoral, como lo afirmó a mediados de junio el ministro del Interior, Gérard Collomb.

"No hay futuro con la creación de campamentos en condiciones sanitarias y sociales malas, a lo que se añaden redes criminales de traficantes de personas", declaró la prefectura de policía de la región.

Desde el mes de mayo, "alrededor de 350 migrantes" que acampaban en la región fueron alojados en centros de acogida repartidos en toda Francia, según las autoridades.

Muchos otros siguen decididos a llegar a Reino Unido cueste lo que cueste.

"Mi hermano vive en Mánchester y allá la lengua es más fácil de aprender", afirma Amrad, un sirio de 38 años de barba canosa perfectamente afeitada.

Este antiguo y elegante ingeniero agrónomo llegó a Francia la semana pasada, después de haber cruzado la frontera franco-italiana. Paciente, espera que "su turno llegue pronto".

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AFP