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Partidarios de la oposición keniana celebran la invalidación por parte de la corte suprema de la elección del 8 de agosto que había dado la victoria al presidente Uhuru Kenyatta, el 1 de septiembre en Nairobi

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Fundadas o no, las acusaciones de pirateo informático en las elecciones kenianas del 8 de agosto reavivaron el debate sobre la pertinencia de recurrir a soluciones electrónicas en unos comicios en los que hay mucho en juego.

El debate no es baladí en el continente africano, donde cada vez más países recurren -o se plantean hacerlo- al voto electrónico o, por lo menos, al uso de la electrónica en sus votaciones, como el reconocimiento biométrico de los electores o para la transmisión de resultados.

La electrónica jugó un importante papel en las elecciones de Namibia (2014) y de Ghana en 2012 y 2016. Zimbabue planea recurrir a la identificación biométrica de los electores en 2018, mientras que Botsuana y Nigeria prevén que los comicios de 2019 sean completamente electrónicos.

Sin embargo, las elecciones de Kenia de 2013 y 2017 podrían llevar a estos países a pensárselo dos veces. En 2013, el sistema informático puesto en marcha en Kenia para centralizar los resultados falló, obligando a la Comisión electoral a utilizar un sistema manual. La oposición denunció un acto deliberado de sabotaje.

Cuatro años después, las tabletas utilizadas tanto para el reconocimiento biométrico como para la transmisión de resultados funcionaron bien, aunque la oposición afirmó que el sistema de transmisión fue pirateado para introducir un algoritmo y aumentar artificialmente los votos del presidente saliente, Uhuru Kenyatta.

- 'Entender el sistema' -

Finalmente, el Tribunal Supremo keniano invalidó, el 1 de septiembre, la reelección de Kenyatta frente a su rival, Raila Odinga, alegando "irregularidades" en la transmisión de los resultados, aunque aún no se sabe si los fallos ocurrieron en la parte electrónica del escrutinio.

Steve Kremer, director de investigación del Instituto Nacional Francés de Informática y Automática (INRIA, por sus siglas en francés), recordó que uno de los pilares de cualquier votación reside en la transparencia del proceso y en que los electores puedan "entender el sistema subyacente".

"Alemania, por ejemplo, prohibió el voto electrónico porque es inconstitucional, ya que adolece de una falta de transparencia" y no permite que el ciudadano de a pie entienda los entresijos del proceso.

La tarea también se complicó para las misiones de observadores encargadas de vigilar el proceso electoral, que parecieron impotentes frente a las acusaciones de fraude informático por parte de la oposición.

"Hay compañías privadas implicadas y eso pone en juego intereses distintos. Por ejemplo, las empresas privadas quizás se preocupen más por su reputación que por servir al interés público", indicó a la AFP Marietje Schaake, jefa de la misión de observación de la Unión Europea (UE).

"Todos deberíamos reflexionar sobre cómo pueden asumir esta cuestión los observadores, pues estamos ante una caja negra a la que nadie tiene acceso o, solamente, un número muy restringido de personas", agregó.

Y, pese a que se estén desarrollando soluciones para ofrecer más seguridad y transparencia al voto electrónico, se necesita más formación al respecto, indicó Véronique Cortier, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas francés.

"Aunque el [voto] con papel no sea perfecto -hay fraudes- es más seguro que lo que sabemos hacer, de momento, con el electrónico, además de ser más comprensible", explicó.

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AFP