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Los 28 líderes de la Unión Europea posan juntos para los medios durante la cumbre del 3 de febrero de 2017 en La Valeta

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La Unión Europea (UE) adoptó este viernes en La Valeta su plan para cortar la ruta migratoria del Mediterráneo central, convertida en el principal itinerario hacia Europa, unas medidas ampliamente criticadas por las ONG, que advirtieron de sus efectos sobre los migrantes bloqueados en Libia.

"Llegó la hora de cerrar la ruta de Libia a Italia", había sentenciado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a su llegada el jueves a Malta, una pequeña isla situada entre ambos países en el corazón del mar Mediterráneo.

El control de la migración irregular se ha convertido en una prioridad de los mandatarios europeos, que intentan dar un nuevo impulso a la UE basado en la seguridad interior y la defensa exterior, en un contexto de auge de la ultraderecha en Europa.

Las operaciones de socorro en el Mediterráneo no cesan, y, tras el rescate de más de 1.750 migrantes entre el miércoles y el jueves, la guardia costera italiana informó de que hay en curso "varias operaciones" más en la zona.

Dos barcos, el 'Aquarius' de SOS Mediterráneo y Médicos Sin Fronteras (MSF), y el 'Golfo Azzurro' de Proactiva Brazos Abiertos, rescataron a más de 1.000 personas durante la mañana de este viernes.

"Se está viviendo una pesadilla absoluta en este momento. La situación supera nuestras capacidades, hemos socorrido a cinco embarcaciones y hay todavía tres que están esperando", escribió en un tuit Ed Taylor, uno de los responsables de la operación abordo del 'Aquarius'.

Mientras, a unos 350 kilómetros al norte de Libia, los mandatarios europeos aprobaban su plan para frenar la migración.

- Marcar la "diferencia" -

Tras lograr frenar drásticamente la llegada de migrantes a las costas griegas a través del mar Egeo mediante un controvertido acuerdo alcanzado en marzo con Turquía, cortar la ruta que parte de Libia y utilizada en su mayoría por migrantes del África subsahariana se ha convertido en prioridad.

Aunque las cifras en el Mediterráneo central son menos impresionantes que las registradas en Grecia, estas alcanzaron un nivel récord en 2016 con más de 180.000 migrantes llegados a las costas italianas. Unas 4.500 personas perdieron la vida en el intento.

En la denominada 'Declaración de Malta', adoptada este viernes, los 28 proponen reforzar el entrenamiento de los guardacostas libios, aumentar sus esfuerzos en la lucha contra la trata de personas y colaborar con los países vecinos de Libia, así como estabilizar la situación en este país, sumido en el caos desde la caída de Muamar Gadafi en 2011.

Otros de los objetivos son apoyar a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en su política de retornos voluntarios y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), para poder además garantizar unas condiciones adecuadas en los campos de migrantes en Libia.

Ambas organizaciones instaron la víspera de la cumbre a la UE "a tomar medidas decisivas para hacer frente a la trágica pérdida de vidas en la ruta del Mediterráneo central y a las condiciones deplorables para los migrantes y refugiados en Libia".

La UE puede marcar la "diferencia" en cuanto a la migración, aseguró este viernes la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, para quien el plan cuenta con un enfoque basado en la colaboración, en el respeto de los derechos humanos y en "evitar la pérdida de vidas tanto en el mar como en el desierto".

- "Crueldad en la arena y en el mar" -

Sin embargo, las medidas adoptadas no convencen a varias ONG, que advierten de sus consecuencias sobre los migrantes. El jueves, un joven de 26 años oriundo de Guinea-Bisáu aseguró a su llegada a Italia que, en Libia, "a los negros los meten en prisión". "No tenemos casi nada para comer o beber", añadió.

Además del plan de los 28, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, acordó la víspera con su homólogo libio, Fayez al Sarraj, proporcionar recursos financieros, materiales y de salud a cambio de que Libia controle la migración y cree unos controvertidos campos de detención.

La idea de crear estos centros no es nueva, pues en 2008 ya fueron abiertas instalaciones similares tras un acuerdo pactado entre el entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el fallecido líder libio Muamar Gadafi.

"Lo que la UE quiere llamar 'una línea de protección' sería en realidad una línea mucho más profunda de crueldad en la arena y en el mar", advirtió no obstante Judith Sunderland, responsable de la ONG Human Rights Watch.

Para Ester Asin, de la organización Save the Children, "limitarse a devolver a menores desesperados a un país que muchos describen como un infierno no es la solución".

AFP