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Unos niños jugando en el patio de una escuela abandonada que ahora unos voluntarios han convertido en opción para vivir para 250 refugiados sirios y afganos, en Atenas el 1 de julio de 2016

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"Aquí se está bien". Jadija, atrapada en Grecia como otros 57.000 migrantes, prefiere vivir de 'okupa' en el centro de Atenas a hacerlo refugiada en un campamento gubernamental. En Damasco era chef en un restaurante, ahora es uno de los pilares en la cocina de esta escuela.

Al igual que ella, 250 migrantes, entre ellos un centenar de niños, viven en esta escuela cerrada desde hace tres años.

Todo comenzó en marzo. El cierre repentino de las fronteras del norte de Grecia bloqueó a los migrantes que se dirigían a Alemania, Suecia y a otros países del norte de Europa.

Casi todos residen en decenas de campamentos habilitados por el gobierno, muchos en el norte de Grecia. Algunos alquilan habitaciones y otros viven de okupas gracias al apoyo de grupos de solidaridad con los migrantes.

El Gobierno evalúa en 1.500 el número de los que viven en "estructuras de hospitalidad externas".

Entre los promotores de la ocupación de la escuela figura Sulaiman Dakduk, 'Kastro', un artista sirio que lleva 28 años en Grecia. "Lo hemos reparado todo. El colegio tenía una fuga de agua. Los vecinos, que inicialmente no estaban contentos, nos dan las gracias porque ya no les entra agua en sus casas".

La mayoría de las familias son sirias y afganas y ocupan tres plantas y veinte aulas en las que un mar de sábanas delimitan los espacios y la intimidad.

Los niños juegan en el patio de recreo, cuyas espalderas se usan para tender la ropa. La caseta del vigilante hace las veces de local para el barbero.

Las decisiones se toman en asambleas generales.

Los migrantes no pagan. Los voluntarios se hacen cargo de todo y van consiguiendo lo que necesitan gracias a los mensajes difundidos en Facebook. El jueves pedían "bolsas de la basura, cubitos de caldo, bayetas, antiséptico".

Dalal Darwish, de 35 años, dejó su trabajo en Omán en abril para echar una mano. "Soy, por decirlo de alguna manera, la coordinadora". Conoce a cada ocupante por su nombre.

Darwish muestra la clase convertida en enfermería, a cargo de Rashad Jalil, un enfermero sirio kurdo de 61 años, que está pendiente de una reunión, la próxima semana, con los servicios de asilo griegos.

- 'Aquí vivo en familia' -

Los frascos y los instrumentos están alineados sobre una mesa. En la pizarra dibujó una Minnie de Disney recomendando en inglés y en árabe: "una onza de prevención vale una libra de tratamiento".

En el comedor, Jadija y otras mujeres preparan pasta en ollas enormes. Cocinan "lo que tienen a mano", pescado, pollo, verduras, y "cuando es posible, añado mi toque de chef", bromea Jadija.

"Algunos se van de los campamentos para venir aquí", asegura Kastro. Aquí "vivo en familia", afirma un joven sirio.

Las reglas básicas, como acompañar sistemáticamente a los niños cuando van al aseo, o a la tienda, se vulneran. Y es que, según Dalal, "están agotados, no están de humor, a veces queremos no pensar en nada".

Los voluntarios organizan salidas, cursos de idiomas... "No puedo hacer nada contra la guerra en Siria, pero aquí puedo hacer algo", afirma Eleni, una sexagenaria que enseña griego.

Kastro no teme que la solidaridad decaiga: "Mientras haya condiciones inhumanas, habrá respuestas humanas, por tanto equilibrio. Así es como resistimos". El grupo acaba de abrir otros dos centros de okupas en Atenas, en una escuela y en un hotel.

En un país dirigido por el partido de izquierda Syriza, del primer ministro Alexis Tsipras, una expulsión parece improbable.

El Gobierno "no tiene objeciones a este tipo de iniciativas, siempre que no creen más problemas de los que resuelven", explica el servicio griego de coordinación de la crisis migratoria.

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AFP