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Personas rezan en una mezquita en Frejus, Francia, el 22 de enero de 2016, tras una autorización provisional para su reapertura

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Promesas de redención y de un "final heroico" para una vida de delincuencia hacen de la yihad islámica una vía tentadora para ciertos delincuentes, como en el caso de los hermanos El Bakraoui, que murieron matando en los atentados de Bruselas, según los expertos.

A priori, nada parece predisponer a este tipo de individuos a cometer acciones suicidas en nombre de la fe: cuando estaban en libertad amaban el dinero, los coches caros y la vida fácil. En prisión, los atracadores son respetados, con frecuencia incluso admirados por otros prisioneros.

Pero un día, algunos se transforman y se inclinan por una fe radical que los convierte en potenciales suicidas, como Abdelhamid Abaoud, condenado en 2010 por un atraco y presunto organizador de los atentados parisinos.

"Cuando se topan con el islam radical, su trayectoria vital se convierte en una montaña de pecados", explica a la AFP Amélie Boukhobza, psicóloga clínica. "Y pasado un cierto umbral, el único final posible es la redención a través de la expiación total de esos pecados, la posición de mártir y la perspectiva del paraíso".

Cómo y por qué la propaganda del grupo Estado Islámico (EI) cala en ciertos delincuentes y no en otros, sigue siendo un misterio.

Para Khalid El Bakraoui, condenado a cinco años por robo a mano armada y que se hizo explotar junto a su hermano en el aeropuerto de Bruselas, "un sueño cambió su vida: se vio disparando, combatiendo a los infieles al lado del profeta", según la revista en línea Dabiq, editada por el EI.

Quienes son captados "creen ciegamente en los preceptos de Dáesh", revela el experto psiquiatra Daniel Zagury. "Todo el reconocimiento que no tuvieron en su vida como delincuentes, piensan que lo obtendrán en el más allá. Han hecho el duelo de sí mismos, de su vida, de sus familias".

- 'Narcisismo profundo' -

"Creen que su vida de delincuentes se transformará en algo heroico", insiste Zagury, que ha estudiado a miembros de redes yihadistas. "Uno me explicó que, en el momento del juicio final, los ángeles se inclinan hacia ti, te hacen preguntas y luego vas al paraíso. No es un símbolo o una metáfora: para ellos, realmente van a venir ángeles. No tienen ninguna duda".

Algunos criminales también se convierten, según el sociólogo Farhad Khosrokhavar, director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS), ayudados por "una especie de depresión" ligada al sentimiento de estar arrinconados en su vida. "Además de un vaivén incesante entre la calle y la prisión, ven bloqueadas todas las salidas", explica. "Con el tiempo, las penas se alargan, la sospecha es permanente. Y ahí el odio puede instalarse, un odio de naturaleza distinta a la que experimentan los jóvenes de los suburbios". Así que piensan "no me matáis vosotros metiéndome en la cárcel como una muerte lenta, soy yo quien decide morir, pero de forma heroica", añade el sociólogo, que trabaja con frecuencia en prisiones.

En su opinión, siempre existe "una dimensión de escapatoria en el islam radical: la radicalización transfiere a la muerte un cierto número de retos relativos a la vida. La muerte se convierte en el último desafío lanzado a la sociedad, una última exaltación del individuo, una suerte de narcisismo profundo".

Además del acceso al paraíso y a las vírgenes "de ojos como perlas", los aspirantes a mártires están convencidos de que su sacrificio les dará el derecho de salvar del infierno a 70 personas de su elección.

"Y eso, también se lo creen completamente", completa Amélie Boukhobza, que trabaja en la asociación Entre Otros, con sede en Niza, sobre el fenómeno de la radicalización. "Un chico aquí le dijo a su madre: 'Hago esto por ti, mamá'".

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AFP