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Foto de la ONU muestra como cargan un avión con paquetes de ayuda humanitaria el 11 de abril de 2016 en el aeropuerto de Ammán en Jordania, para lanzar a los habitantes de Deir Ezzor en Siria

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El lanzamiento de víveres desde aeronaves, que Naciones Unidas intenta organizar para ayudar a las poblaciones sitiadas en Siria, es una operación compleja, arriesgada y no siempre eficaz, subrayan los expertos.

- La seguridad ante todo -

Los aviones deben poder volar en un espacio aéreo seguro, ya sea con el acuerdo de las partes en conflicto o a una gran altitud (de 8.000 a 10.000 metros), fuera del alcance de misiles.

Naciones Unidas pedirá el domingo el visto bueno del régimen de Damasco para lanzar víveres y medicamentos allí donde no se pueda acceder por vía terrestre, según los diplomáticos.

Casi 600.000 personas, según la ONU, viven en 19 zonas o localidades rodeadas por los beligerantes, principalmente por las tropas del régimen. Casi cuatro millones de personas viven, por su parte, en zonas de difícil acceso.

"Podemos contemplar que el ejército sirio reciba órdenes del presidente Bashar al Asad para impedir estas entregas aéreas, pero en el ámbito político esto le perjudicaría, máxime cuando intenta posicionarse de nuevo como un elemento fuerte en la lucha contra [la organización yihadista] Dáesh", estima el exgeneral Jean-Claude Allard, experto en aeronáutica militar en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas, en París.

"Grupos rebeldes islamistas pueden plantearse impedir estas entregas, porque su táctica consiste también un poco en tomar como rehén a la población", añade. No obstante, por el momento, no cuentan con los medios adecuados para hacerlo a gran altitud.

Si Damasco concede el visto bueno, rusos y estadounidenses, omnipresentes en el cielo sirio, deberán coordinarse también con Naciones Unidas.

- Una operación compleja técnicamente -

A falta de garantías para su seguridad, el avión deberá lanzar sus paquetes a una gran altitud, lo que reduce la precisión de las entregas.

"Según la naturaleza de la amenaza y la meteorología (...), definimos a partir de que altura podemos obtener un determinado radio de dispersión", explica un experto militar.

"Entre 0 y 10.000 metros, hay diferentes capas de vientos. En función de estos vientos, se calcula un punto de lanzamiento y lanzamos la carga, [cuyos paracaídas] sólo se abrirán, por ejemplo, a 500 metros de suelo y caerán en un radio de 100 metros", detalla.

A una gran altitud, las capas de escarcha pueden bloquear la apertura de los paracaídas y, en caso de vientos demasiado fuertes, las misiones tienen que anularse.

Si la seguridad se garantiza, el avión puede descender a una muy baja altitud y "dejar caer" directamente los paquetes.

El lanzamiento de la carga sin paracaídas tiene lugar a una altura de hasta 50 metros del suelo. "Se trata sobre todo de carga de tipo harina, arroz, etc. Muy poco frágil. Aterriza directamente, puede impactar en el suelo, pero está bien empaquetada", añade el oficial.

Con paracaídas, las cargas pueden lanzarse desde una altitud de 150 metros hasta los 8.000 metros, precisa.

La entrega aérea sigue siendo muy complicada, no obstante, en zonas urbanas. "De manera general, se buscan zonas despobladas" o "zonas despejadas" en núcleos urbanos, apunta el oficial, para quien "un aeropuerto puede cumplir esta función".

La única alternativa es el helicóptero, ya que puede posarse donde quiera, siempre y cuando se trate de una superficie equivalente a medio campo de fútbol, o lanzar su carga a unas decenas de metros, apunta Jean-Claude Allard.

Pero el riesgo es también máximo, porque se expone a disparos cuando reduce su velocidad para descender, cuando descarga y cuando acelera de nuevo para despegar, añade este experto.

- Resultados limitados -

El cargamento que un avión puede transportar -unas 15 toneladas para un Transall francés- es claramente inferior al que puede entregar un convoy por carretera.

"El cargamento puede no caer en manos de la gente que se quiere socorrer", subraya también Allard.

En este punto, los helicópteros son más seguros, ya que su tripulación puede garantizar en tierra que la ayuda llega a las personas necesitadas.

La entrega aérea también supone un riesgo para la población, porque puede caer sobre habitantes.

Otra de las complicaciones, para los expertos, es encontrar transportistas, civiles o militares, dispuestos a intervenir en Siria. "No veo a muchos países enviar aviones [de transporte] militar allí", estima Allard.

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AFP