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Una refugiada siria compra en una tienda en la que aceptan la tarjeta del Programa Mundial de Alimentos, en Beirut, el 14 de junio de 2017

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En tres años, Ali Jiami ha multiplicado por tres los ingresos de su tienda de alimentos y se ha comprado un apartamento gracias a los refugiados sirios, que gastan en este y en otros comercios del país el dinero que les da la ONU.

Cada refugiado dispone de una tarjeta de débito con 27 dólares cada mes y por persona. Al principio estas tarjetas, una iniciativa del Programa Mundial de Alimentos (PMA), solo podían utilizarse para comprar comida. Sin embargo, desde entonces, otras agencias de la ONU las han utilizado para distribuir otros tipos de ayuda.

La facturación anual de la tienda de Ali Jiami pasó así de 50.000 libras libanesas (unos 29.000 euros), a 300 millones de libras, unos 176.000 euros, explica satisfecho.

En la ventana de su comercio, en el sur de Beirut, tiene pegado un adhesivo del PMA, que lanzó este proyecto en 2013 con una red de 500 establecimientos en todo el país. El programa, en el que participan 700.000 refugiados instalados en Líbano, ha salvado a muchos comerciantes.

"Este programa me ha cambiado la vida. Me he comprado un apartamento en Beirut y he pagado los estudios en la universidad de mis hijos", explica Jiami, de 55 años, que también ha contratado a seis empleados.

"Los clientes libaneses compran menos que los sirios, que tienen familias numerosas y consumen más", asegura. Sus beneficios son ahora de cerca de 8.800 euros mensuales, frente a los 2.000 de antes de que empezara el programa.

Los comercios han tenido que adaptarse a su nueva clientela y venden mantequilla clarificada, halva (un tipo de dulce) y mucho té, "que a los sirios les encanta".

Para los refugiados, la tarjeta del PMA es más práctica que los cupones de alimentos que tenían antes y que tenían que gastar de una sola vez.

Es el caso de Um Imad, una mujer que asegura sentirse "independiente" gracias a su tarjeta, que cuenta con una validez de cinco años y que tiene que presentar en las tiendas junto a un certificado del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

- ¿Lastre o oportunidad económica?-

Aunque el Líbano es conocido por su generosidad con los refugiados sirios —cerca de un millón, según la ONU, lo que representa un 25% de la población del país— su presencia suscita a veces comentarios xenófobos. Desde 2015, la ONU ya no registra refugiados siros en Líbano a petición del Gobierno.

Algunos consideran a los sirios que huyen de la guerra como un lastre para Líbano, un país muy endeudado, pero otros lo ven como una oportunidad económica gracias a sus compras y a los apartamentos que alquilan.

Es el caso de Omar al Jeikh, un comerciante Nueiri, en el oeste de Beirut, que colabora con el PMA desde hace cuatro años y ha visto pasar sus beneficios de 4.400 a 7.000 euros mensuales.

Sin embargo, asegura que ha perdido perdido un 20% de su clientela libanesa.

Recuerda cómo un día un cliente libanés, de mal humor porque no encontraba un producto, le dijo: "¡Ahora solo trabajas para los sirios!". "Ellos también son seres humanos, su país está en guerra, tenemos que ayudarles", dice este comerciante de 45 años.

Todos los meses, el PMA envía a los comercios del programa una lista de precios orientativos. Desde 2013, los refugiados sirios han gastado unos 800 millones de euros en estos comercios, según la agencia de la ONU.

"La economía libanesa se beneficia también del programa del PMA, no solo los refugiados sirios", dice Edward Johnson, encargado de prensa del PMA en Beirut.

Y no solo es bueno para los pequeños comercios: tres cadenas de supermercados, entre ellas UCCM, que tiene 36 establecimientos, han llegado a un acuerdo con el PMA.

"Nuestro objetivo es hacer negocio y al mismo tiempo ayudamos a los refugiados", explica Sleiman Sleiman, un responsable del UCCM.

Para atraer a los refugiados sirios, esta cadena de supermercados les ofrece un descuento del 7%. "Vendemos más y en consecuencia compramos más a nuestros proveedores. Todo esto crea actividad económica", se felicita Sleiman.

AFP