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Iraquíes desplazadas por el conflicto realizan objetos de artesanía en su refugio de Samarra, en Irak, el 14 de enero de 2018

(afp_tickers)

Con hilo de pescar, Lamia Rahim ensarta perlas para crear pequeñas esculturas. Es una de las decenas de mujeres iraquíes desplazadas por la violencia que, gracias a la artesanía, sobreviven y matan el tiempo.

Hace un año, Iman Ahmad, locutora de una radio local, propuso una formación en artesanía a estas desplazadas instaladas en el colegio Atuar al Bahjat, en Samarra, al norte de Bagdad.

Varias familias del norte del país y de localidades aledañas a Samarra se refugiaron en las aulas de este centro educativo para huir de los yihadistas, que acabaron siendo expulsados de todas las ciudades de Irak a finales de 2017.

Dejaron sus casas con lo puesto y vivían de la caridad. Por eso acogieron con los brazos abiertos la sugerencia de Iman Ahmad.

Un total de "125 mujeres se formaron en la artesanía, sobre todo en la fabricación de miniaturas con perlas", explica a la AFP Iman Ahmad, una iraquí de 51 años.

En una pequeña aula transformada en taller, sentadas en el suelo sobre una alfombra, las mujeres, tocadas con velo, seleccionan con esmero perlas de distintos colores y tamaños.

- De París a Babilonia -

Con mucha paciencia forman el monumento más conocido de Samarra, la Malwiya, un minarete en espiral helicoidal; la célebre puerta azul de Istar e incluso la torre Eiffel.

Estas pequeñas figuras "nos ayudan a vivir", asegura Khaula Jaralá, de 41 años, refugiada en el colegio Atuar al Bahjat tras huir, hace más de tres años de su aldea de los alrededores de Tikrit, entonces bajo control de los yihadistas.

Lamia, de 41 años, forma parte de la marea de desplazados de Irak (más de 2,5 millones) desde que los yihadistas destruyeron su casa.

El tiempo se le hace largo. "Hace ya mucho que somos desplazados y mi marido no encuentra trabajo, yo soy la que mantengo a la familia", afirma esta madre de tres niñas y un niño.

Cada mes, asegura Iman Ahmad, estas artesanas venden objetos por un valor de casi mil dólares que reparten entre ellas.

En otra clase se escucha el traqueteo seco y molesto de las máquinas de coser.

- 'Esperanza' -

En medio de telas de colores, Fauziya Azzaui, de unos 40 años, corta y cose sin descanso. Siempre le ha gustado la costura y gracias a Iman Ahmad y a su asociación, puede ganar un poco de dinero.

Las obras de artesanía de estas iraquíes se han vendido en varias ferias y exposiciones locales y de vez en cuando cuentan con ayuda de voluntarios.

Con las ganancias malviven, pero al menos han encontrado una forma para "acabar con el aburrimiento, porque los problemas nacen del aburrimiento", asegura Ahmad.

Tejer, coser o ensartar perlas es un modo de mantener viva "la esperanza", asegura Chifa Qaduri, de 40 años. "El dinero que sacamos ni siquiera basta para pagar el colegio de mis hijos". "Pero ¿a dónde vamos a ir? Vivimos de esperanza. Hoy ganamos 25 dólares, a lo mejor pronto ganaremos 50 o 100".

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AFP