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Iraníes pasan por delante de los carteles electorales para las elecciones parlamentarias de este viernes, en una calle cerca del mausoleo de Fátima al-Masuma, en Qom, Irán, el 24 de febrero de 2016

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"Hay tantos problemas que ni siquiera podemos enumerarlos", afirma Yadolá, un comerciante de un barrio del sur de Teherán la antevíspera de unas elecciones en las que ha depositado sus esperanzas.

El popular barrio de Molavi contrasta con los del norte de la capital, más ricos. En él abundan los coches y edificios desvencijados y se ve a hombres tirando de carretas llenas de arroz o lentejas y a mujeres vestidas de negro.

Yadolá Sabzi, de 34 años, vende arroz y frijoles en su tienda decorada con los retratos del fundador de la república islámica de Irán, el ayatolá Ruhola Jomeini, y de su sucesor, Ali Jamenei. A falta de dos días para las elecciones al Parlamento y a la Asamblea de los Expertos (encargada de designar y eventualmente destituir al guía supremo), Yadolá pide a los futuros diputados que trabajen por el bien común.

"No les pedimos que cambien nuestras vidas personales, pero sí que trabajen por todos", construyendo "carreteras, viviendas", afirma Yadolá, un kurdo iraní procedente de una región fronteriza con Irak, como muchos otros habitantes del barrio. Su región se vio muy afectada por la guerra entre Irán e Irak (1980-1988).

"Fueron desplazados por las guerras y perdieron su casa y a familiares, vinieron aquí (a Teherán) para trabajar", recuerda, afirmando que las personas de su comunidad están mal vistas y sufren el hostigamiento de las autoridades municipales. "Trabajan duro, pero no salen adelante", dice.

En vez de distribuir subsidios que apenas llegan para comprar "unos productos básicos y pagar algunas facturas", Yadolá cree que el Estado debería hacer más por el empleo. Pese a este panorama sombrío, él es optimista. "Tengo esperanza y estoy seguro de que ellos (los nuevos diputados) traerán el cambio".

- Un tema de confianza -

A unos metros de la tienda de Yadolá, Fatemeh Hodjati, un ama de casa de 40 años acompañada de una niña y una amiga mira, intrigada, a los periodistas de la AFP. No suelen verse por el barrio.

Fatemeh responde con amabilidad a las preguntas. "Ahora que las sanciones se levantaron, ellos (los políticos) quizá presten más atención a la gente que, a su vez, confiará más en las elecciones".

Los comicios del viernes son los primeros desde el levantamiento, a mediados de enero, de la mayoría de las sanciones internacionales contra Irán, gracias al acuerdo alcanzado en julio con las grandes potencias sobre el programa nuclear iraní.

Para Fatemeh, esta confianza recíproca es indispensable, "ya que los precios han subido mucho", al igual que el índice de desempleo. "Pido a los diputados que generen empleo para los jóvenes parados, más numerosos que antes. Muchos de los jóvenes acaban siendo vendedores ambulantes y para ellos es muy duro, ¡una vergüenza!", afirma.

El desempleo ronda el 10% y afecta al 25% de los jóvenes, mayoritarios en este país de 79 millones de habitantes. Qassem Akbari, de 29 años, casado y padre de un bebé de cuatro meses, no irá a votar.

"Nunca he votado, porque creo que no sirve para nada", dice en una de las tiendas de Molavi. Reconoce que en Irán hay "muchos problemas" y "el más importante de ellos es el desempleo". Pero añade: "los que entran en el Parlamento piensan más en ellos que en el pueblo".

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AFP