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La líder del Partido Laborista neozelandés, Jacinda Ardern, habla durante una visita a una universidad en Wellington, el 19 de septiembre de 2017

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Los neozelandeses votan este sábado en elecciones legislativas que se anuncian mucho más inciertas de lo esperado, entre los conservadores del primer ministro, Bill English, y los laboristas de la carismática treintañera Jacinda Ardern.

Desde la entrada en vigor en 1996 de un nuevo sistema electoral, que permite a cada elector votar por un lado por una lista y por el otro por un candidato, ningún partido ha conseguido lograr la mayoría absoluta.

Salvo sorpresa, el resultado del sábado será similar, lo que provocará arduas negociaciones con los "pequeños" partidos para forjar una coalición.

English, que reemplazó en diciembre al muy popular John Key, era hasta hace dos meses el gran favorito frente al centro-izquierda.

Pero la campaña cambió con la llegada a la cabeza de la oposición de Ardern, cuya simpatía ha permitido a los laboristas subir 20 puntos en los sondeos.

A los 37 años, aspira a ser la jefe de Gobierno más joven de su país desde 1856, y la tercera mujer en ocupar este cargo.

Todo indica no obstante que estas elecciones -que se celebran cada tres años en nueva Zelanda- serán las más disputadas desde 2005.

"Va a estar muy peleado", pronosticó recientemente Ardern, que apuesta por el cambio generacional para acabar con nueve años de reinado del Partido Nacional (centroderecha).

- Un árbitro político -

Cuanto más estrecha sea la diferencia entre laboristas y conservadores, mayor será el peso de los "pequeños" partidos en las negociaciones para que la mayoría pase a uno u otro lado. Estas negociaciones podrían durar varios días.

Como en 2011 y 2014, el principal árbitro debería ser el partido Nueva Zelanda Primero, de Winston Peters, de 72 años.

Los laboristas, encabezados por Ardern, denuncian el desgaste del poder de los conservadores, que carecerían ya de ideas tras nueve años al frente del Gobierno.

Ardern ha hecho campaña principalmente sobre temas de sociedad, como la protección del medio ambiente, el acceso a la vivienda o la gratuidad de la enseñanza superior.

Para English, la "Jacindamania" -tal como los medios llaman la ola de popularidad de la dirigente laborista- carece de sustancia.

Este exagricultor de 55 años, padre de seis hijos, se vanagloria de su balance como ministro de Finanzas bajo el gobierno Key, y asegura que solamente el Partido Nacional puede mantener el sólido crecimiento de la economía nacional.

Hace más de medio siglo que un gobierno neozelandés no ha ganado cuatro elecciones consecutivas.

"No se trata de saber quién va a ganar la carrera para ver quién es más popular", explica English. "Se trata de saber lo que ocurrirá con el país en los próximos años".

El último sondeo, publicado el miércoles, vuelve a colocar en cabeza al Partido Nacional con un 46% contra un 37% para los laboristas. Pero English dice que no se fía de los sondeos, y que la elección está muy "reñida".

Las posibilidades de coalición son numerosas con los Verdes, el partido maorí, los liberales de ACT o los centristas de United Future. Pero sin duda será Nueva Zelanda Primero el partido que ejercerá de árbitro.

Su jefe, el maorí Winston Peters, conocido por sus posiciones contra la inmigración asiática, ayudó en 1996 a los conservadores a llegar al poder, a cambio de un puesto de vice primer ministro. En 2005, se sumó a una coalición laborista a cambio del Ministerio de Exteriores.

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