Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

La ciudad de Rothesay, en la isla de Bute, en la costa oeste de Escocia, vista desde un ferry el 11 de diciembre de 2015. Desde Siria, desgarrada por la guerra, a la isla azotada por el viento, nueve familias de refugiados se adaptan a su nueva vida

(afp_tickers)

De una Siria devastada por la guerra a una isla azotada por el viento en la costa occidental de Escocia, nueve familias de refugiados recién llegados tienen dificultades para adaptarse a una nueva vida en un mundo muy desconocido.

"Es difícil. ¡No conocemos a nadie!", dijo una mujer de Alepo mientras ayudaba a otra refugiada, de Homs, a escoger tazas de té y tazones en una tienda de caridad en el paseo marítimo en Rothesay, en la isla de Bute. La otra mujer, que llevaba un pañuelo negro, dijo que no podía encontrar café árabe, semillas de calabaza asada o yerba mate, la infusión que es tan popular en el río de la Plata como en Siria.

Los vientos y las fuertes lluvias han azotado la isla este mes y varios refugiados dijeron que encontraban difícil el clima escocés.

Estos sirios -alrededor de 40 en total, con seis familias más esperando llegar en 2016- vivieron previamente como refugiados en Líbano. Fueron trasladados a Glasgow el mes pasado y ahí tomaron el barco que, en una hora, une la parte continental de Escocia a la isla, que tiene 7.000 habitantes.

En el supermercado cerca del castillo de Rothesay, un hombre de Daraa parecía aturdido mientras vagaba por los pasillos con su hijo de dos años, que lloraba. Una mujer de la localidad pellizcó jovialmente la mejilla del niño: "¡Vivo a tu lado!"

- "La lluvia los echará de aquí" -

Los refugiados pasaron sus primeros días en Bute inscribiendo a los niños en la escuela, registrándose para recibir atención médica y tratando de entender la conversión de moneda y la forma de recargar sus nuevos teléfonos móviles para mantenerse en contacto con los amigos y familiares que dejaron atrás.

Son parte de los primeros sirios en establecerse en Reino Unido desde que el primer ministro, David Cameron, anunció en septiembre que el país recibiría a 20.000 refugiados de los campamentos en las fronteras de Siria de aquí a 2020.

Reino Unido optó por no participar en las cuotas de la Unión Europea para recibir inmigrantes y repartirlos por todos los países del bloque. Cameron ha resistido a la presión para hacer más, en medio de llamamientos a compartir la carga de la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Se espera que Alemania, en cambio, reciba a un millón de solicitantes de asilo este año y la mucho más pequeña Holanda, a unos 60.000.

Unos voluntarios y los funcionarios locales tratan de alejar la atención de los medios de comunicación porque creen que los detalles sobre su identidad podrían poner en peligro a su familia y amigos y creen que hay que darles tiempo para adaptarse.

En el marco de un programa gubernamental, a los refugiados se les da durante cinco años el estatuto de protección humanitaria, vivienda gratis y ayudas sociales, así como el permiso para trabajar desde el día de su llegada.

Algunos lugareños se muestran escépticos sobre si los sirios se quedarán en su isla y otros albergan inquietudes más graves, que son un reflejo de la preocupación que generan los refugiados sirios en Europa y Estados Unidos. "Está bien, siempre y cuando no se peleen", murmuró un lugareño que estaba comprando medio litro de vodka y dos bebidas energéticas en una tienda. "La lluvia los va a echar" de aquí, dijo otro hombre con gorra de marinero que esperaba un ferry en el puerto, engalanado con luces de Navidad.

Craig Borland, editor del semanario Buteman, dijo que existe "un miedo a lo desconocido", en una comunidad cristiana predominantemente blanca, pero que "una abrumadora mayoría" los ha recibido bien.

- 'Baked beans' -

La heladería italiana Zavaroni, en el paseo marítimo, recuerda una ola de inmigración anterior. "Me recuerda a cuando mis padres se trasladaron a Escocia", dijo Tariq Iqbal, un voluntario de la Iniciativa de Comunidades de Escocia, que está tratando de ayudar en las relaciones entre los refugiados y los isleños.

Antes de su llegada, Iqbal -cuyos padres emigraron desde lo que hoy es Pakistán- viajó a Bute desde Glasgow para preparar a los voluntarios. Además, en las escuelas locales se ha explicado a los muchachos lo que es el Islam y Siria.

Iqbal dijo que estaba planeando un envío de carne halal muy necesaria para Bute y que quería establecer un suministro regular. La primera entrega por fin llegó el martes. "¡Ni siquiera saben lo que son las alubias con tomate!", dijo en referencia a un elemento básico culinaria británica, las famosas latas de 'baked beans'. Explicó que una de las principales razones para escoger Bute fue la disponibilidad de viviendas, un reflejo de la decadencia económica de la isla en las últimas décadas. Otrora conocida como la Madeira de Escocia, la isla era un balneario para los habitantes de Glasgow, hasta que la popularización del transporte aéreo puso destinos más cálidos al alcance de muchos.

Tim Saúl, él mismo un "inmigrante" de Inglaterra que dirige un café y vivió en Bahréin, dijo que estaba deseando conocer a los recién llegados. "Tengo mis apuntes detrás de la barra para poner al día mi conversación de árabe en caso de que uno de ellos venga al café", dijo.

AFP