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El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, habla en una conferencia de prensa al término de la cumbre sobre las relaciones entre la Unión Europea y Turquía y sobre la crisis migratoria, en el Consejo Europeo, en Bruselas, el 29 de noviembre de 2015

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Es poco probable que el acuerdo alcanzado el domingo entre la Unión Europea y Turquía en Bruselas frene significativamente el flujo de migrantes a Europa o lleve a Ankara más cerca de la adhesión al bloque europeo, determinaron este lunes analistas.

La Unión Europea (UE) se comprometió en una cumbre en Bruselas el domingo a dar a Turquía una ayuda de 3.000 millones de euros (3.200 millones de dólares) para poder hacer frente a la oleada de refugiados sirios y acordó "redinamizar" las negociaciones con vistas a una adhesión de Turquía a la UE.

El primer ministro islamo-conservador turco, Ahmet Davutoglu, celebró el domingo, después de la cumbre Turquía-UE, un "día histórico" para su país, que buscaba relanzar las negociaciones de adhesión al bloque, comenzadas en 2005.

"Lo que los europeos piden a Turquía es poco realista e irrealizable", estimó el politólogo Cengiz Aktar, de la Universidad Bahçesehir de Estambul. "Parece un sueño. Nadie puede impedir que estos migrantes vayan a Grecia o Bulgaria ya que no tienen ningún futuro, ni en su país ni en Turquía. Temo que el resultado sea nulo", comentó Aktar, quien estimó que Turquía y la UE juegan una partida de "póker".

"Reducir el flujo de refugiados a proporciones controlables (...) se impone como la principal necesidad a corto plazo para contener el empuje de la extrema derecha en la UE", señaló Holger Schmieding, del banco alemán Berenberg.

"Las otras medidas tales como la aceleración de las investigaciones previas a la entrega del derecho de asilo, la expulsión de los que no tienen un derecho legítimo a permanecer en la UE y el aumento de los gastos para integrar a los que tienen ese derecho tomará más tiempo", continuó Schieding.

- 'Realpolitik de la UE' -

Ahmet Davutoglu garantizó que su país "mantendrá sus promesas" sobre el tema migratorio, subrayando que no se podrá hallar una solución definitiva a la crisis de los migrantes sin una solución política global en Siria.

Sea como fuere, hay todavía numerosos escollos en las relaciones bilaterales turco-europeas, en particular en lo que concierne a las violaciones de las libertades fundamentales en Turquía durante la presidencia de Recep Tayyip Erdogan, en el poder desde 2003.

En la declaración final de la cumbre "no se menciona el Estado de derecho, la prensa y la cuestión kurda", señaló Marc Pierini, exembajador en Ankara e investigador del centro de estudios Carnegie Europe. Estamos frente "a la realpolitik de la UE en su peor nivel", estimó.

Esta cumbre "no nos hará olvidar las divergencias que subsisten aún con Turquía sobre los derechos humanos o la libertad de prensa, temas que volverán", aseguró el domingo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Dos periodistas del diario de oposición Cumhuriyet (centroizquierda) fueron encarcelados el jueves por la noche acusados de "espionaje" y "divulgación de secretos de Estado", por haber publicado en mayo pasado un artículo sobre posibles entregas de armas de los servicios secretos turcos (MIT) a yihadistas en Siria.

El sábado, el abogado Tahir Elçi, una importante figura de la causa kurda en Turquía, murió tiroteado en la ciudad de Diyarbakir, capital del sudeste kurdo del país, cuando hacía declaraciones a la prensa. Las circunstancias de su muerte aún no han sido esclarecidas.

Además de los temas relacionados con los derechos humanos, las promesas para relanzar las negociaciones de adhesión hacen frente a un obstáculo que parece imposible de sobrepasar. Chipre, dividido desde 1974, cuando Turquía invadió y ocupó la parte norte de la isla, bloquea algunos capítulos de las negociaciones, y "jamás cambiará de decisión mientras no haya una reunificación", estimó el analista Cengiz Aktar.

"El proceso comenzó hace años y no hay razón para acelerarlo, o detenerlo", insistió el domingo el presidente francés, François Hollande, ilustrando así la prudencia de los miembros de la UE.

AFP