Las protestas en Líbano, que desde hace casi tres semanas congregan a cientos de miles de manifestantes en las calles, son escrutadas con atención por Israel.

"Seguimos con interés lo que ocurre en el Líbano, pero no estamos involucrados en lo que pasa", dice a un pequeño grupo de periodistas el portavoz del ejército israelí, Jonathan Conricus, en la frontera entre Israel y el Líbano.

¿Esto refuerza o, por el contrario, debilita la amenaza planteada por Hezbolá?

El 1 de septiembre el Hezbolá lanzó tres misiles antitanques contra suelo israelí, cerca de la ciudad de Avivim, primer ataque cerca de civiles desde la guerra de 2006 entre el movimiento armado chiita libanés, aliado de Irán, y el estado hebreo.

En la carretera que bordea la parte israelí, que limita con el Líbano, se observan en el asfalto dos grietas circulares de unos 30 centímetros de diámetro cada una, estigmas de lo ocurrido.

Más allá, vehículos militares israelíes recorren su lado de la frontera, atravesada ocasionalmente por traficantes de armas y hachís y patrullada desde el cielo por vehículos aéreos no tripulados.

Esta misma semana se disparó un misil desde el Líbano contra un avión no tripulado israelí que no fue alcanzado.

- Oportunidad -

Las manifestaciones antigubernamentales en ciudades controladas por el movimiento proiraní levantaron sin duda un tabú.

El jefe del movimiento chiita del Hezbolá, Hasan Nasralá, se pronunció en contra de la renuncia del gobierno de Saad Hariri al principio de la protesta, diciendo que temía "el caos" y un "colapso económico".

Sin embargo, la dimisión tuvo lugar el martes y el viernes Nasralá pidió que se formara rápidamente un nuevo equipo.

El tema que preocupa especialmente a Israel es la conversión, por parte de Hezbolá en el Líbano, de cohetes en misiles de precisión que permitirían al movimiento libanés atacar intereses estratégicos del lado israelí.

Hezbolá es un "suplente de Irán", y si "puede hacer lo que quiera en el Líbano, se convierte en una amenaza para nosotros", explica Conricus.

El Líbano tiene una deuda pública de 86.000 millones de dólares, es decir, el 150% del PIB.

"Israel ha pedido a Estados Unidos y a los países europeos que condicionen toda ayuda al Líbano al cierre de las fábricas de misiles de Hezbolá", asegura a la AFP un alto funcionario israelí que solicita el anonimato.

- Atraer la atención -

Según Eyal Zisser, especialista en Oriente Medio de la universidad de Tel Aviv, esta estrategia podría al menos empujar al Hezbolá al statu quo, es decir, al período de "antes de que comenzara a desarrollar misiles. Pero esto no resolverá totalmente el conflicto entre Israel y el movimiento chiita libanés", matiza.

Los analistas en Israel creen que, por el contrario, bajo presión y en parte cuestionado en sus propios bastiones, Hezbolá podría tratar de desviar la atención de la protesta y disparar contra Israel.

"No se puede excluir un escenario de deterioro en el que Hezbolá, para afirmar que defiende al Líbano, ataque a Israel, que, a su vez, responderá", estima Orna Mizrahi, exjefe de seguridad del gabinete del Primer ministro israelí, ahora analista del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad (INSS).

Sin embargo, a largo plazo, Israel teme que Hezbolá mantenga su influencia en el Líbano, o incluso aumente su influencia si llega el caos. "Esto haría las cosas más complicadas para nosotros" en Israel, señala Mizrahi.

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