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El presidente Hasan Rohani habla durante un desfile por el día de las fuerzas armadas iraníes, el pasado 18 de abril en Teherán

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A menos de un mes de las elecciones presidenciales de Irán, el actual mandatario, Hasan Rohani, tiene grandes posibilidades de mantenerse en el cargo, aunque no está al resguardo de sorpresas de última hora, como sucedió en comicios anteriores.

"Cuando veo los cables de nuestra embajada unas semanas antes de la elección de 2013, nadie predijo la victoria de Rohani", comenta una diplomática occidental.

Rohani, un religioso moderado, ganó la elección en la primera vuelta después de que el candidato reformista Mohamad Reza Ared se retirara, y de recibir el apoyo de los partidos moderados y reformistas.

En su primer mandato, Rohani flexibilizó en cierta medida las restricciones sociales y culturales e intentó normalizar las relaciones con Occidente al alcanzar el acuerdo en 2015 sobre el programa nuclear de la República Islámica.

En estos comicios, el presidente saliente parece estar en buena posición para un segundo mandato.

Pero dos candidatos conservadores de peso le disputan el puesto: el religioso Ebrahim Raissi y el alcalde de Teherán, Mohamad Bagher Ghalibaf. En este contexto, los iraníes se preguntan si la elección terminará con un nuevo resultado inesperado.

- Numerosas sorpresas -

Los comicios anteriores dejaron sus sorpresas. En 1997, los conservadores en el poder quedaron sorprendidos por la amplia victoria del reformista Mohamed Jatami frente a su candidato Alí Akbar Nategh Nuri.

"Los políticos iraníes no siempre evalúan la opinión pública y a veces quedan medio desamparados", afirma el historiador Michael Axworthy, autor de varios libros sobre Irán.

En 2005, sorprendió la elección del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, cuya victoria nadie preveía frente al fallecido Akbar Hashemi Rafsanyani, una figura clave en la fundación de la República Islámica en 1979.

Fue aún más grande la sorpresa cuando, en 2009, Ahmadineyad fue reelegido a pesar de que el electorado reformista urbano se movilizara ampliamente para evitarlo. La reelección provocó un movimiento de protestas y acusaciones de fraude.

"Se escribieron pocas cosas sobre Irán, se habla mucho de los Guardianes de la Revolución (fuerza de élite iraní) y de las relaciones con EEUU, pero se sabe poco sobre lo que sucede en las pequeñas ciudades y la atracción que puede tener alguien como Ahmadineyad para la gente común", afirmó Djavad Salehi Esfehani, profesor iraní que enseña en la Universidad de Virginia Tech, en EEUU.

A pesar de la desconfianza y el cinismo de muchos iraníes respecto a la política, estas sorpresas cambiaron la trayectoria del país.

Hasan Rohani fue elegido con una mayoría de casi el 51%. Sin su victoria, el acuerdo nuclear quizás no se hubiese cerrado jamás.

"Todo se desarrolla de manera casi previsible dentro del sistema, pero cada cuatro años hay una especie de explosión de la democracia" que sorprende a todos, afirma Axworthy.

La ausencia de sondeos públicos hace difícil los pronósticos. "Los observadores extranjeros se basan en general en lo que escuchan en los barrios del norte de Teherán (ricos y occidentalizados) y no ven lo que sucede en el resto del país", agregó.

- Mostrar la estabilidad -

En esta ocasión, una vez más, las especulaciones abundan en la prensa y en las redes sociales. Algunos afirman que Raissi está en buena posición para suceder un día al guía supremo Alí Jamenei y se hará lo necesario para evitarle una situación embarazosa.

Otros sostienen que abandonará la contienda a último minuto en favor del alcalde de Teherán. También están los que creen que el objetivo del poder es tener una fuerte movilización electoral para evitar una mala imagen del país.

Pero más allá de las especulaciones, Rohani está en buena posición ya que todos los presidentes iraníes desde principios de 1980 permanecieron en el cargo por dos periodos.

"Para el poder, las elecciones son una manera de mostrar el apoyo (de los electores, NDLR) a la República Islámica y a la estabilidad" del país, agrega Axworthy.

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