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Dos personas pasan el 24 de marzo de 2017 junto a un cartel de campaña en Sofía de las próximas legislativas búlgaras con el retrato del líder del Gerb (conservador), Boiko Borissov

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Los socialistas búlgaros, tentados por un acercamiento con Rusia, esperan arrebatar el poder al invencible conservador Boiko Borissov, dueño de la escena política nacional, en las elecciones legislativas del domingo, marcadas por una escalada nacionalista.

El primer ministro saliente, Borissov, de centro-derecha y europeísta, dimitió en noviembre, dos años antes del final de su mandato, apostando por reconquistar una mayoría estable gracias a legislativas anticipadas.

No obstante, su partido está igualado, con alrededor de un 30% en intención de voto, con los socialistas (PSB, excomunistas), en la oposición desde 2009, salvo por un paréntesis de algo más de un año entre 2013 y 2014.

Los socialistas podrían aprovechar el impulso que condujo a la presidencia a finales de 2016 al exjefe del ejército del aire Roumen Radev, candidato del PSB, que ganó ampliamente a su contrincante del partido conservador (Gerb) de Borissov, Tsetska Tsacheva. Esta derrota precipitó la dimisión del primer ministro, llevando a organizar unas terceras elecciones anticipadas desde 2013 en Bulgaria.

Después de dos años de relativa estabilidad, los analistas y el mundo económico temen un nuevo período de turbulencias con un paisaje político dividido. Se prevén ásperas negociaciones para encontrar una coalición gobernante, sea cual sea el ganador.

En estos sufragios de una sola vuelta, no es tanto el resultado del 26 de marzo lo que cuenta "sino la capacidad de encontrar socios para un Gobierno", reconoció Borissov, que llegó al poder en 2009, dimitió en 2013 y venció de nuevo al año siguiente.

- Bulgaria primero -

Las principales preocupaciones en Bulgaria, un país que entró en la Unión Europea hace diez años, son el poder adquisitivo, la lucha contra la corrupción endémica, la emigración de la población en busca de una vida mejor y la ineficacia de los servicios públicos.

Sin embargo, la campaña ha estado más centrada en la política exterior, con candidatos que aseguraron ser los mejores para defender los intereses de Bulgaria, en un ambiente de patriotismo desenfrenado.

Las tensiones con la vecina Turquía, la cuestión para encontrar un equilibrio entre la UE y Moscú y la presencia de miles de migrantes bloqueados en este país en la frontera exterior de la UE han alimentado la demagogia.

Aunque Kornelia Ninova, líder de los socialistas, excluye cuestionar la pertenencia de Bulgaria a la UE o a la OTAN, amenaza con un veto la renovación de las sanciones europeas impuestas a Rusia por el conflicto en Ucrania.

Boiko Borissov resalta por su parte su "pragmatismo" respecto a Moscú, defendiendo "fidelidad" a las sanciones europeas, pero promoviendo las relaciones diplomáticas y económicas con Rusia.

Turquía, acusada de injerencia en los asuntos nacionales, es otro de los importantes socios de Bulgaria con cabida en esta campaña.

Bulgaria reprocha a Ankara su abierto apoyo a un nuevo partido proturco, Dost, influyente en la importante comunidad turcófona de Bulgaria.

Herencia de varios siglos de soberanía otomana en los Balcanes, la minoría turca de Bulgaria cuenta con cerca de 700.000 personas, de una población total de 7,4 millones, de los que 60.000 con la ciudadanía búlgara pueden votar en Turquía.

Las relaciones con Turquía distan de ser fáciles.

Manifestantes nacionalistas búlgaros cerraron este viernes con autocares los tres puntos fronterizos con Turquía para impedir que electores de la minoría turca, y por lo tanto con derecho a voto, que residen en el país vecino puedan cruzar para participar en los comicios.

Cualquiera que sea el vencedor en las elecciones, Evgueni Daynov, analista y director del Centro de Prácticas Sociales, prevé la continuidad de un modelo de gobierno "oligárquico que favorece la corrupción", lejos del cambio que desean la mayoría de los búlgaros, que se manifestaron en masa en 2013 contra la pobreza y la corrupción.

AFP