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Mesas vacías en un restaurante del centro de Jerusalén Oeste el 10 de diciembre de 2015

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El cierre de un bar nocturno en Jerusalén, más conocida por su devoción religiosa que por las juergas, no pasa desapercibido, dado que con el nivel de violencia actual, los pocos lugares de diversión que quedan en el oeste de la ciudad cierran uno tras otro.

En el centro de Jerusalén Oeste, parte judía de la ciudad, un saxofonista toca unas notas en medio de la indiferencia de los transeúntes ateridos. Lo interrumpe una sirena de una patrulla policial que recorre la calle Jaffa. Cerca de allí, una pareja se abraza en silencio en la plaza Hahatulot, en la que se suelen dar cita los más parranderos.

"La gente ya no sale de fiesta y, lo que es peor, se ha acostumbrado a no salir. La situación de la inseguridad se ha calmado un poco, pero siguen teniendo miedo", lamenta Haggai Hirshman, organizador de festejos, con motivo de un llamamiento en las redes sociales para animar a los jóvenes a retomar sus costumbres.

Los territorios palestinos, Jerusalén e Israel sufren una ola de violencia desde hace varias semanas. Y nada parece detener los ataques antiisraelíes cometidos por palestinos armados con cuchillos o que lanzan sus coches en marcha contra los viandantes.

En Jerusalén, la tensión estuvo al máximo durante septiembre y octubre, y desde entonces los atentados se espaciaron gracias a un dispositivo policial y a un acuerdo sobre la Explanada de las Mezquitas.

Pero se impuso la prudencia. "El centro de la ciudad se resintió de lleno: cinco establecimientos -3 bares y 2 restaurantes- acabaron cerrando, es un golpe duro", lamenta Hirshman.

Al comienzo, cuando los habitantes desertaban los lugares públicos, los propietarios de este tipo de establecimientos pensaron que ya habían vivido situaciones similares, como las dos Intifadas, y que los israelíes seguirían saliendo para demostrar que no cedían ante "el terror".

"El ambiente de la ciudad está de capa caída. Quizá sobrevivamos dos o tres meses antes de plantearnos ¿para qué seguir abierto? Pierdo menos quedándome en casa", declara Lior Moshé, propietario de varios pubs, cuyo volumen de negocio cayó entre un 70 y un 80%.

A finales de noviembre, el Gobierno anunció un plan de emergencia para ayudar a los comercios de Jerusalén Oeste y destinó 100 millones de shekels (unos 20 millones de euros) para promover el regreso de los turistas extranjeros.

Los lugares de diversión más afectados son los pequeños bares alternativos de Jerusalén Oeste, a los que acudían los jóvenes israelíes y palestinos más liberales de Jerusalén Este (parte palestina de la ciudad anexionada y ocupada por Israel).

- Tel Aviv o Ramala -

"Somos varios los que decidimos cerrar", afirma Shay Freedman, jefe del Radio, que echó el cerrojo, al igual que su vecino del Uganda, otra institución bohemia de Jerusalén Oeste.

Los israelíes prefieren divertirse en Tel Aviv y los palestinos evitan salir de Jerusalén Este para no someterse a los controles de seguridad o caer en manos de extremistas judíos que merodean por el centro de la ciudad. Se decantan por Ramala, en la Cisjordania ocupada.

"¿Por qué he de poner toda mi energía en un proyecto en un contexto de incertidumbre? Todos sabemos que se acabará calmando, pero ¿cuándo?, y ¿cuánto tiempo seguirá siendo soportable hasta que vuelva a empeorar?", se pregunta Shay Freedman, sin perder de vista los preparativos de la noche de despedida, su última esperanza de hacer caja antes de cerrar definitivamente.

AFP