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Un combatiente del régimen sirio sostiene un lanzagranadas durante un avance por una zona al este de la provincia de Homs, el pasado 7 de febrero en el centro de Siria

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Las difíciles negociaciones de Ginebra para intentar iniciar una solución política al conflicto en Siria parecían el sábado más frágiles que nunca luego del mortífero atentado contra un símbolo del poder en Homs, que volvió a colocar al "terrorismo" en el centro del debate.

El atentado contra los servicios de seguridad del régimen, sin precedente desde un ataque en 2012 en Damasco, dejó entre 30 y 42 muertos según las fuentes. En el ataque murió un allegado al presidente sirio Bashar al Asad, el jefe de inteligencia militar de la ciudad, Hasan Daabul.

El ataque, perpetrado por varios kamikazes, fue reivindicado por el grupo Fateh al Sham, antigua rama siria de Al Qaida.

La ONU, que impulsa las negociaciones en Ginebra, se inquietó tras el ataque por lo que considera es un intento por hacer fracasar el diálogo.

"Cada vez que tenemos negociaciones, siempre hay alguien que intenta hacer descarrilar el proceso. Nos esperábamos a ello", declaró el enviado de la ONU Staffan de Mistura.

Pero la reacción más fuerte llegó de Damasco, que prometió no dejar impune este atentado y estimó, a través de su representante en Ginebra, que el ataque envía un "mensaje claro".

En una conferencia de prensa particularmente ofensiva tras reunirse con Mistura, el jefe de la delegación del régimen, Bashar al Jaafari, instó a la ONU y sobre todo a la oposición a condenar claramente los ataques de Homs.

- 'Condena al terrorismo' -

"Pedimos a Staffan de Mistura (mediador de la ONU) que haga una declaración para condenar los ataques de Homs. Reclamamos la misma declaración de parte de todos los participantes en el proceso de Ginebra", declaró.

"Si una de las partes se rehúsa a condenar el terrorismo, querrá decir que es cómplice", lanzó y agregó: "Lo que sucedió hoy ensombrece [las negociaciones de] Ginebra".

La oposición, que habló poco después, condenó en una conferencia de prensa "el terrorismo", pero sin mencionar explícitamente lo que sucedió en Homs.

"Nuestra posición es clara, condenamos el terrorismo y los terroristas, condenamos a Dáesh (acrónimo árabe del grupo Estado Islámico) y a Al Nosra (ex rama siria de Al Qaida)" declaró Nasr al Hariri, jefe de la delegación del Alto Comité de Negociaciones (oposición).

Interrogado sobre si se refería a lo que sucedió en Homs, respondió: "Condenamos todas las operaciones terroristas cometidas por grupos terroristas, y si lo que sucedió en Homs es una operación terrorista entonces mi declaración es evidente".

Otro miembro de la delegación del comité de negociación, Fateh Hassun, representante de un grupo armado, acusó implícitamente a Damasco de haber facilitado el atentado para alcanzar sus objetivos.

- Amenaza a las negociaciones -

El atentado de Homs fragiliza las negociaciones de paz, que ya habían comenzado con dificultad.

Las negociaciones de Ginebra que comenzaron el jueves se producen luego de tres sesiones que tuvieron lugar en 2016.

En cada una de ellas el diálogo fracasó por la reanudación de la violencia en el terreno y las posiciones irreconciliables de las partes en conflicto. Como en esas ocasiones, Damasco repitió este sábado que su prioridad es "luchar contra el terrorismo", mientras que la oposición reclama negociaciones sobre una transición política.

Desde el jueves no se registró ningún avance. Mistura multiplicó las reuniones bilaterales, pero el diálogo se empantana por cuestiones de procedimiento. Las discusiones, que debían abordar una solución política al conflicto se encuentran nuevamente dominadas por el tema del "terrorismo".

Los ataques de Homs se produjeron al día siguiente de otro baño de sangre en Siria. El grupo Estado Islámico reivindicó un atentado que dejó 83 muertos, en su mayoría civiles, cerca de Al Bab, en el norte del país, localidad reconquistada el viernes por los rebeldes respaldados por las fuerzas turcas.

El grupo Estado Islámico, así como Fateh al Sham, está excluido de las negociaciones y del alto el fuego instaurado por Rusia, aliado de Damasco, y Turquía, que apoya a los rebeldes.

El alto el fuego entró en vigor a fines de diciembre y concierne al régimen de Damasco y a la oposición, excluyendo a los yihadistas, pero es regularmente violado.

Esta violencia general ilustra la fragilidad de toda "normalización" en un país desgarrado por seis años de guerra en donde intervienen múltiples actores con objetivos diferentes.

La guerra en Siria dejó más de 300.000 muertos y millones de refugiados.

AFP